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Los paparrachos y las playas vírgenes

Este puente del 1 de mayo lo hemos pasado en Cabo de Gata. Era nuestra primera vez allí (aunque llevábamos tiempo queriendo ir ante tanta maravilla escuchada) y vimos muchas cosas como para recoger la experiencia en un post. Lo que sí da para una entradilla en este irregular blog fue nuestra primera experiencia con niños en una “playa virgen”.

En Cabo de Gata abundan las playas vírgenes. Entiéndase como virgen aquella que carece de todo tipo de servicio público (incluidas duchas, papeleras o fuentes) y, por supuesto, de establecimiento de ningún tipo. Normalmente están alejadas de los núcleos urbanos y tienen accesos complicados. Unos mucho y otros bastante, por lo que pudimos comprobar.

Nosotros íbamos bien avisados, ya que desde el estupendo blog de nuestra amiga Pili Manrique ya nos habían dado todas las indicaciones, perfectamente complementadas de manera personal justo antes de irnos. Por eso, aquella mañana nos llevó más de tres horas prepararnos para ir: levantar a los niños, desayunos, preparar purés, fruta, agua, meriendas varias, ropa de playa, sombrilla, juguetes para la arena, minitienda para que no le dé el sol al bebé, snorkel… un cuadro, vaya.

Para no alargarnos más en los preparativos, decidimos hacernos la comida (bueno, los bocatas) en la misma playa. Así que llenamos el coche como si emigrásemos a Alemania y nos acercamos a una tienda a comprar las vituallas. Ya estábamos listos para ir a la playa. Aún no eran las 11 de la mañana… ¡nos sentíamos unos fenómenos! ¡Íbamos a ser casi los primeros en llegar!

¡¡¡Los primeros en llegar, dice!!!

¡¡¡Los primeros en llegar, dice!!!

Estábamos alojados en San José, justo al ladito de las dos playas vírgenes más famosas de Cabo de Gata: Mónsul y Genoveses. A las dos se accede por la misma “carretera” desde San José. Mónsul está a unos 5 kilómetros y Genoveses a mitad de camino. El plan era claro: vamos primero a la más lejana, pasamos allí la mañana, comemos y a la otra a pasar la tarde. Además, en caso de que el tema se complicase y sólo pudiésemos o quisiésemos ver una ese día, optábamos por Mónsul por su papel en la historia del cine (Indiana Jones y la última cruzada, Las aventuras del Barón de Munchausen, El viento y el León…) y la cultura (el videoclip de “Ave María” de Bisbal, jiji).

Bisbal e Indy. Dos mitos bien distintos compartiendo playa virgen.

Bisbal e Indy. Dos mitos bien distintos compartiendo playa virgen.

Así que, 5 kilometrinos por la pista de tierra. Una pista de tierra que bien podía haberse diseñado como instrumento de tortura para que los coches que han sido malos deen vida paguen por sus pecados. Qué vibrar, qué ruidos en un coche que cumplía ese día 1 año de vida, qué cantidad de mierda adherida a toda su superficie… un primor. Nos llamaba la atención el no estar prácticamente solos. Formábamos parte de una muy cívica caravana a 20 km/h que generaba unas nubes de polvo marrón muy cinematográficas ellas también.

Y llegamos allí ¡y el parking que está lleno, oiga!

– ¿Y ahora qué hacemos?

– A lo largo del camino no se puede aparcar o te lleva la grúa el coche…

– ¡No, no, que hace 5 minutos había una zona en que se podía aparcar para acceder a una de las calas entre las dos playas!

– Pues venga, rápido, no se vaya a llenar también.

Por los pelos, cogimos uno de los últimos sitios. Ya sólo faltaba coger TODO lo que habíamos preparado esa mañana y caminar hacia la playa. Con dos niños y un carrito de bebé, vehículo perfectamente diseñado para rodar por la arena, como ustedes bien saben.

La escena era dantesca. 700 metros (lo he mirado en el mapa) más cargados que Ortega Cano el día de su boda, arrastrando marcha atrás el carrito con el neñu, cayéndosenos las cosas por el camino… ríete tú de las aventuras de Calleja. No sabéis qué alivio al llegar y ver la playa. Descargar todo el material me produjo una satisfacción difícil de expresar con palabras. ¿Y la playa? muy bonita, sí, pero… ¿mucha gente, no? Pues aquello era sólo el principio. Por aquella carretera seguían llegando coches y empezaron a aparcar en el camino, algunos a 100 metros de la playa (cabrones…), pero claro, ¿qué cojones va a venir aquí la grúa si entre ir, enganchar un coche y volver tardaría hora y media y hay como 100 coches mal aparcados?

La playa es una preciosidad, no me digáis que no. La pena es que con tanta gente pierde el encanto y con niños ni te puedes plantear subir a la duna que trepa sobre la loma desde la que está hecha esta foto tan maravillosa.

La playa es una preciosidad, no me digáis que no. La pena es que con tanta gente pierde el encanto y con niños ni te puedes plantear subir a la duna que trepa sobre la loma desde la que está hecha esta foto tan maravillosa.

Total, que nos llevó un buen ratito quitarnos el cabreo de encima y empezar a disfrutar de la playa, que en aquel momento no estaba como San Lorenzo o Benidorm, pero había más densidad humana que en la mayoría de las playas de Ibiza o Costa Brava. Daba igual. Era el momento de disfrutar, que teníamos todo el día por delante. Así fue durante unos minutos, hasta que escuché estas fatídicas palabras:

– ¡¡Nos hemos dejado la bolsa del carrito en el apartamento!!

¡La bolsa del puto carrito! ¡Con las toallitas y los pañales! ¿Qué esperanza de vida playera nos dejaba este descubrimiento? ¿Cómo podía ser posible que en el cargamento que llevábamos no hubiera ni un pañal escondido en algún sitio? Un montón de ideas revoloteaban en mi mente aturdida cuando de repente me di cuenta de otra cosa:

– ¡¡¡¡El pan, mamanatas, que no hemos comprado pan!!!!

¿Qué íbamos a comer? ¿una lata de bonito a cucharadas? ¿una barra de fuet a mordiscos? Nosotros podríamos arreglarnos, ¿pero el guaje? El único que estaba con el sustento garantizado era el pobre neñu, con su puré en el termo. Allí estaba feliz, inconsciente de nuestro desatino con los preparativos.

Dos horas aguantamos en la playa. Nos dolían los dedos del cruce permanente confiando en la bondad del neñu para no cagarse encima y complicarnos más la vida. Cumplió; es un santo.

El retorno al coche no os lo vamos a contar, porque fue tan coñazo como la ida, pero sin la esperanza de encontrarse algo bonito al llegar. Pese a lo que pueda parecer al leer esto, fue un día muy divertido que completamos con la visita al faro del Cabo de Gata y al Cortijo del Fraile (otra carretera infernal de tierra, más larga todavía), donde se rodaron secuencias de El bueno, el feo y el malo y donde ocurrió el triste suceso en los años 20 que recogiera Lorca en su “Bodas de Sangre”.

El cortijo del fraile. No nos extraña que tantos western se filmaran en Almería. La luz y los paisajes son sencillamente increíbles.

El cortijo del fraile. No nos extraña que tantos western se filmaran en Almería. La luz y los paisajes son sencillamente increíbles.

Y un apunte para los amantes de lo virgen: las playas de la mayoría de los pueblos de la zona (La Isleta del Fraile, Las Negras, Agua Amarga…) son muy bonitas y estaban casi desiertas. Igual son menos vírgenes por poder tomarte una cerveza a pie de playa, pero si lo que queréis es tranquilidad y espacio, quizás no merezca la pena tanto esfuerzo.

Otro día, más, que ya nos estamos extendiendo mucho. Al Cabo de Gata, volveremos.

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Yo antes tenía un blog

¿Os acordais cuando tenía un blog que se llamaba paparracho y mamanatas y unas veces escribía yo y otras mamanatas y otras entre los dos? Ay, qué tiempos aquellos… cómo lo disfrutaba.

¿Y por qué ahora aparecemos menos por aquí que Rouco Varela en las manifestaciones contra los recortes? Vosotros, sufridos y pacientes lectores, os merecéis una explicación: mamanatas acabó su baja maternal y encontró un trabajo. Sí, amigos míos, en esta época en la que es más difícil encontrar un trabajo que conocer un adolescente sin smartphone, esta mujer mía ha conseguido uno… y de los buenos.

Y vosotros os preguntaréis… ¿y qué más da que mamanatas tenga trabajo? estará más liada, pero total, el blog prácticamente lo llevabas tú (qué bien nos conocéis ya)… pero todo tiene su razón de ser y yo os lo voy a contar:

Ay, el día en que recibimos la noticia… alborozo, bailes, abrazos y algún que otro GT. Todo era fantástico. No pensábamos en los daños colaterales. Daños que, básica y prácticamente, han recaído en mí. Yo tenía mi vida muy bien organizada durante esta baja maternal. Mamanatas se recuperó magníficamente del parto del neñu y se encargaba de la mayoría de las cosas de la casa. Yo seguía siendo el dueño y señor de la cocina, pero la verdad es que me sobraba tiempo para todo.

Al empezar a trabajar ella, me encontré con la dura realidad: resulta que entra a las 8, yo a las 9… y tenemos dos niños. Ahora su tarea matinal consiste en dejarme elegidas las ropas de los niños y la merienda del mayor. Luego se va, mientras yo entro en la ducha (7:00). A partir de ahí empieza mi pesadilla diaria: salgo, me visto y desayuno en plan express (7:25) y tengo que levantar al mayor, prepararle el desayuno, no despistarme para que lo acabe a tiempo, vestirlo, peinarlo… ay, pero es que también hay un pequeño. Y ese se despierta cuando quiere, puede que con hambre (15 minutos más) o sin ella, pero también hay que vestirlo y peinarlo y no quitarle el ojo de encima, que son seis meses y ya tiene suficiente movilidad para darte un susto.

Añadamos a la preparación de los infantes dejar las camas hechas y la cocina recogida porque, claro, como ahora viene una chica a estar con ellos un par de horillas al salir del cole, no puedo dejarlo todo hecho unos zorros… así que, cuando los dos están listos y nos ponemos a salir de casa (8:10-8:20)… ¿ya ha pasado lo peor? ¡NO! empieza lo más tenso.  Vamos juntos al coche, aparco el carrito, subo al mayor, subo al pequeño, cinturones de seguridad (¡para viajar seguros!), guardo el carrito y a la aventura matinal: dejo al guaje en su cole (al lado de casa, aquí no hay problema), voy al cole del neñu (a 10/20 minutos, dependiendo del tráfico), saco el carrito, subo al peque, lo llevo con su profe, pliego el carro y lo dejo en el “parking” para que lo puedan recoger, corro al coche (que está en doble fila), conduzco hasta mi casa (10/15 minutos), busco sitio para aparcar y aparco, voy al garaje a coger la moto y me voy al trabajo. Una vez conseguí ser puntual. La mayoría llego 5/10 minutos tarde.

mamanatas: oye, no sé cómo se las arregla para ser siempre el más sufridor de esta casa y el marido explotado que se va él mismo proclamando a los cuatro vientos… no va y me dice el otro día que por la mañana tiene muchas tareas y como ejemplo, con un par, me pone “traer el peine y la colonia del guaje (al salón porque lo peina mientras ve dibus)”. Y lo de las tareas de casa es como cuando nos vamos de vacaciones: no falla, mientras yo preparo tres maletas de un adulto y dos niños él se queja porque tiene que actualizar los radares en el navegador, amos amos…

Algo así soy yo por las mañanas, sólo que yo tengo dos niños y soy mucho más guapo. El teléfono no es del trabajo; estoy llamando a mamanatas para que me diga dónde puso la agenda de la guarde.

Algo así soy yo por las mañanas, sólo que yo tengo dos niños y soy mucho más guapo. El teléfono no es del trabajo; estoy llamando a mamanatas para que me diga dónde puso la agenda de la guarde.

Nunca pensé que coger la moto para ir a trabajar iba a generarme sensaciones de relax, alivio y paz interior, pero ese momento en mi vida ha llegado. Tengo claro que si alguna vez sufro un infarto, va a ser entre las 7:30 y las 9 de la mañana. Y lo de la tarde/noche no es mucho mejor. Unos minutos de juegos y besos, y unas rutinas diarias que hasta las 10 de la noche, en el mejor de los casos, no se acaban. Cuando enganchamos el sofá, quedamos sopinstant, como decimos nosotros.

Con este plan de vida… ¡cuándo voy a tener tiempo para escribir! (y todavía me viene de vez en cuando alguna amiga runner de estas diciendo que tengo que sacar tiempo para correr, ¡válgame el señor!).

¡Válgame el señor! Los chunguitos en Tu cara me suena, una de las pocas cosas que he podido ver en la tele últimamente, ya que mamanatas no aguanta más de 10 minutos de cualquier serie. A esto hemos llegado.

¡Válgame el señor! Los chunguitos en Tu cara me suena, una de las pocas cosas que he podido ver en la tele últimamente, ya que mamanatas no aguanta más de 10 minutos de cualquier serie y no estoy autorizado a ver nada molón sin ella. A esto hemos llegado.

mamanatas: ¡válgame el señor, lo que miente el condenao! Lo ve porque le mola y punto. Pero esto que quede entre nosotros porque cualquiera lo suelta delante de su amigo Carlos el cultureta de la religión bobdylaniana, ¡me mata!

Y bueno, dejando los chascarrillos a un lado, aprovecho este post de descarga personal para felicitar a mamanatas por su logro (tú, amor mío, que te lo mereces todo) y a las tías Noe y Rebe por su apoyo porque sin ellas seguramente no habría sido posible. Nos está costando un poco organizarnos, pero cada día es un poco más fácil que el anterior y estamos muy felices.

Me gustaría terminar parafraseando al difunto Suárez, elevado a los altares de la santísima transición sin mácula en estos días, diciendo aquello de “Puedo prometer y prometo” que no tardaré tanto en volver a escribir. O también a su majestad, con el “lo siento mucho, no volverá a ocurrir”… pero no me atrevo a prometer nada. De momento, la pelota está en el tejado de mi partenaire. ¡Que invente ella!

¡Qué jodío el Rey Gaspar!

Como broche final a unas navidades tan felices como pasadas por agua en Gijón (las peores que recuerde en mucho tiempo… ¡11 días de 13 nos llovió!) llegaron SS.MM. los Reyes Magos de Oriente en helicóptero a la playa, donde el guaje pudo verlos bien cerquina e incluso tocarlos para mayor regocijo personal. Era el preámbulo a la Cabalgata y a esa noche de tensión y nervios en la que los pequeños (y los no tan pequeños) vamos pronto para la cama para que los Reyes no pasen de largo.

La mañana se hizo esperar, pero poco después de las 8, la emoción se desbordaba al ver los paquetes. Todos salimos muy bien parados, sobre todo los canijos, pero la que tuvo un trato más directo con Sus Majestades fue mi inseparable mamanatas. ¡Menudo morro! Gaspar en persona, le dejó una carta que decía así:

Querida mamanatas,

Hoy es un día muy especial para los niños y también para los adultos que siguen teniendo alma de niño, como tú.

Sabemos muy bien (sobre todo yo, Gaspar) que llevas muchos años queriendo tener una gatina en casa. Pero tienes un problema; paparracho no es precisamente amante de los felinos y tiene muchas razones para oponerse. Primero era por vuestro querido Tango, que ya estaba viejín y era difícil plantearse siquiera que pudiese pasarlo mal conviviendo con un nuevo habitante de la casa (sí, ya sabemos que muchos perros y gatos se llevan bien, pero ¿cómo asumir el riesgo de que no fuese así?). Luego, llegaron los temores a la convivencia con el guaje y ahora, también con el neñu. ¿Y si resultara ser un gato conflictivo? ¿Y si los niños fueran alérgicos?

Ya te lo podemos decir claramente: paparracho te quiere con locura y comprende perfectamente tus deseos (por eso te ha pedido este divertido comic gatuno, que seguramente te sabrá a poco), pero no vas a poder convencerlo nunca, lamentablemente.

El comic en cuestión: Todo Miau de José Fonollosa, una recopilación de sus tres comic sobre los gatos ¡Muy molón!

El comic en cuestión: Todo Miau de José Fonollosa, una recopilación de sus tres comic sobre los gatos ¡Muy molón!

Tú no podrás, pero resulta que nosotros… nosotros somos magos. Y mientras estás leyendo esta carta, sin que él lo sepa, estamos lanzando un hechizo que le está haciendo cambiar de opinión. Posiblemente le costará llegar a querer a los gatos como lo haces tú, pero cuando termines de leer esto, te sorprenderá cómo te responderá si le preguntas qué le parece meter una gatina en casa, como llevas queriendo tanto tiempo.

No tienes por qué agradecérnoslo, estamos aquí para llevar la ilusión a quienes lo merecen. Y tú eres una de esas personas que lo hacen sobradamente. Sólo te pedimos una  cosa, que esperamos que te parezca razonable: responsabilízate del nuevo miembro de la familia. Somos magos, pero no omnipotentes. Una cosa es que le podamos convencer e incluso hacer creer que él también quiere un gato y otra que consigamos que limpie sus cacas, arenas, comederos, pelos , etc, etc. Con el tiempo, ya veremos lo que podemos hacer.

Nada más, esperamos que disfrutes de este truquito de magia, que por cierto, ya ha surtido efecto. Pregúntale, pregúntale, ¡ya verás!

¡Muchos besos de los Reyes Magos (sobre todo de Gaspar) y Feliz Navidad!

PD. Se me olvidaba, hay dos condiciones importantísimas para que el conjuro surta efecto:

  1. Aceptar gustosa que paparracho lleve barba
  2. Llevar el listón pasional (tú me entiendes) a cotas bien altas. ¡Cuanto más lo sean, más fuerte será el hechizo!

Pues nada, que me parece que me han endiñao una gata y no me he dado ni cuenta. Qué jodío el rey Gaspar…

En la recta ¿final?

Querid@s tod@s, qué gusto da veros por aquí después de unas largas y merecidísimas vacaciones. Vamos al lío:

Todos sabéis a estas alturas que el guaje es un ángel. Dio un fenomenal embarazo, un parto prácticamente indoloro, ni un triste cólico, había que despertarlo por la noche para comer, le daban las 12 de la mañana durmiendo los fines de semana, y es más bueno que Lassie con bozal, por más que tenga su carácter. ¡Una bendición!

De verdad que lo vamos a canonizar a este niño. Si es que antes le dice la madre: "cuando nazca el neñu tienes que llevarme al hospital jamón, que tengo muchas ganas" y contesta el pobre: "yo también tengo muchas ganas de ver al neñu"  :_)

De verdad que lo vamos a canonizar a este niño. Si es que antes le dice la madre: “cuando nazca el neñu tienes que llevarme al hospital jamón, que tengo muchas ganas” y contesta el pobre: “yo también tengo muchas ganas de ver al neñu” :_)

Pues bueno, el segundo (que responderá al nombre de “el neñu”) creo que pretende hacer honor al fenómeno metereológico del mismo nombre. El neñu promete desde el minuto cero. Qué tío. El jueves mamanatas sale de cuentas, pero a estas alturas ya podríamos llamarlo “el esperado”, por evitar alguna que otra palabra políticamente incorrecta.

El primer síntoma de lo que nos esperaba llegó con esa sobredosis de glucosa que hacen llamar “prueba de la curva del azúcar”. Tres veces tuvo que repetirla mamanatas y al final el resultado fue inequívoco: diabetes gestacional galopante. La pobre ya no es que no pueda comer jamón ni carne cruda… es que ahora tampoco puede tomar nada dulce, ha de pesar todo lo que come y andar con cuidado con la pasta y el arroz. Lo único bueno de esta situación es que he encontrado una doctora que ha relevado a la que yo ya llamaba “mi ginecóloga” (pibón). La endocrina que nos ha tocado en suerte… es una chica majísima, encantadora. Estoy pensando ya en pedirle consejo médico profesional para quitarme algún kilillo.

mamanatas: ¡ole y ole! eso es un marido hecho y derecho… será cabrón el tío, ¿no está pensando en ponerse a tipín por otras y no por la santa que lo aguanta? Para las que decíais que tengo una joya en casa… esta es la verdadera cara (dura) de paparracho.

Si es todo bromina, mujer… Bueno, a lo que íbamos. Diréis que el neñu no tiene culpa de la diabetes de su señora madre y quizás tenéis razón, pero es que eso no es todo: 100 euros, 100, fue lo que pagamos por una ecografía de esas en 4D. Cuando la hicimos con el guaje, se nos mostró con todas las poses posibles: amoroso, enternecedor apoyando su carita en la placenta, con la lengua fuera, sonriendo, poniendo pucherinos… Con el neñu lo intentamos 4 veces, sí, CUATRO VECES. Las poses fueron: te enseño los huevecillos, ahora con el culo en pompa, ahora me giro y parece que te voy a enseñar la cara… pero ¡NO!, me pongo los brazos delante, ahora te vuelvo a enseñar los huevos… Sólo le faltó hacernos un corte de manga al tío. Los 100 euros volaron y todo lo que tenemos en nuestro poder es un DVD en el que se ven más huevos que en la granja de Coren.

mamanatas: al habla la madre del pantojín: es muy fuerte que desde entonces diga paparracho que el guaje es su favorito, ¡hay que tener valor! es verdad que se hace de rogar el muy jodío, pero que conste que nos enseñó estupendamente las manos y también los pies, y un requetepoquitín de refilón una carita enfurruñada de narices (espero que su primer tatuaje sea “amor de madre”, que me lo merezco toíto too)

Y llegaron las vacaciones. Nos fuimos a Alicante unos días estando mamanatas de 34 semanas. Llevábamos allí solo dos cuando… ¡TACHÁÁÁÁÁÁÁN! Se pone de parto: escapada urgente al Hospital General con resultado de 3 días de ingreso y otros 2 de reposo absoluto. En eso consistieron las vacaciones. Tal era la inminencia del parto en aquel momento que tuvimos que llamar a mis padres para decirles que había dilatado varios centímetros y que podía ser en cualquier momento. 15 minutos después llamamos para decir que la iban a medicar para pararlo y que esperasen a que les fueran contando, pero en ese ratito ya habían hecho el equipaje y habían encontrado alojamiento en Elche. Demencial, teniendo en cuenta los 900 km de distancia. Al menos sacamos algo en limpio: a nosotros nos trajeron el libro de familia, el teléfono y el ordenador del trabajo, el carrito y la silla del coche para el bebé (nótese que muy previsores no somos, ¿verdad?). Ellos, por su parte, disfrutaron de las vacaciones que nosotros no tuvimos porque en aquellos días, como podéis imaginar, no pasó nada.

Salimos en dirección a Madrid tras los dos días de reposo absoluto, cruzando los dedos y con la lista de Hospitales del camino bien memorizada, porque parecía más que factible, casi probable, que lo tuviéramos por el camino. Almansa, La Roda, Albacete y Arganda, no se me olvidará en la vida. Llegamos a casa, suspendimos la semana de vacaciones en Asturias y a esperar al feliz acontecimiento.

Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas, pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas… y aquel neñín y aquel neñín, y aquel neñín aún no se decidió. Iba a ser algo inminente y aquí estamos, a 2 días de salir de cuentas y sin una triste contracción. Me lo imagino descojonao de nosotros dentro del útero mientras se toma un relaxing cup of café con leche, se lee el suplemento dominical y hostia a su madre a patadas que ni el mismísimo profesor Miyagi, al que dios tenga en su gloria.

Qué tipín tiene la jodía... de 9 meses y con 54 kilos. Hasta se le ha puesto un pandero redondete a la Jennifer López que... ¡ay, omá, qué rica!

Qué tipín tiene la jodía… de 9 meses y con 54 kilos. Hasta se le ha puesto un pandero redondete a lo Jennifer López que… ¡ay, omá, qué rica!

mamanatas: sí, mucho “omá, qué rica” pero siempre me dice lo del pandero de Yei-lo con un tonito de cashondeo que me siento más bien como “Ofrawinfrey” versión decolorada.

A estas alturas, nada está claro, pero os prometo que se nos está haciendo ETERNO. Sospechamos que ha pedido prórroga y pretende hacer la #AcampadaInUtero15M para esperar a esa fecha señalada. Sabemos que los médicos no se lo permitirán, pero por ganas no va a ser. En BWIN, Betfair y misapuestas.com se paga 20 a 1 el parto normal y 1,1 a 1 el inducido. Creo que están a punto de suspender la cotización ante el poco juego que da el tema, no os digo más.

En fin, que estamos (teóricamente) en la recta final y que tenemos unas ganas terribles de que esté con nosotros. Y que cuando asome la cabecina diga: “que era bromaaaaa, que soy tan bueno como mi hermanooooo, pero… ¿a que os tenía acojonados, eh?

Yo no estuve el #8J

Sí, qué pasa… soy un paria en esta relación de dos. Tuvimos la mala suerte de que el evento blogger del año coincidiese un día que no teníamos familia para cubrirnos durante el día (y la noche, obviously) y uno de los dos tenía que quedarse fuera con el niño. Aunque el blog es prácticamente mío, porque esta costilla mía le echa mucho morro, ella dedició ir y si ya le tengo miedo en situación normal, como para importunarla con un bombo de 6 meses. A última hora, mi santísima madre se vino desde Gijón para estar con el nieto y que disfrutase al menos de la noche, casi ná. Y allí aproveché todo lo que pude, que no fue poco.

mamanatas: Vamos, me tienes tú un miedo que pa qué. Ya no sabes qué hacer para quedarte con el blog, ya me echaste en su momento del twitter y casi casi del Facebook; ten cuidao que cualquier día te quedas solo y te empiezas a inventar las historias paternales como otra blogger que hubo por ahí…

En fin, que yo pasé una mañana entretenidísima con hijo y mamá, luego dormí una siesta estupenda y después preparé mi outfit para el #8J, consistente básicamente en lo primero que encontré en el armario que no tuviera lamparones. Pero antes de ir al Matadero Madrid, tenía que pasar a hacer el check in en el apartamento que ganó nuestra amiga Vanina y esperar a su Don para ir juntos. Fue un momento muy duro, que tuve que suplir con alguna que otra cerveza, una tumbona, un poquito de sol y mi adorado Dickens. De esta guisa estaba yo.

mamanatas: Con lo de mi adorado Dickens no te refieres a un güisqui, no?

¡Aparta de mí este cáliz!

¡Aparta de mí este cáliz!

Al final las chicas vinieron al apartamento (a descargar equipaje y regalos, no por amor, descuiden!) y desde allí nos fuimos a la Terraza del Matadero. Es verdad que no estuvimos, pero entre lo poco que pudimos averiguar y lo que leí hoy en twitter, estoy enterado de que:

– Os han regalado chuches por doquier

– Campofrío es una marca de mujeres

– Hay quien cree que tener 2.000 seguidores en twitter te convierte en famoso. Y yo con 800 sólo sé que no soy nada.

– Había un tío de LG al parrecer muy atractivo, VeLenGoso lo llaman ya.

Mamá en Alemania sabe darse mus como nadie (se lo dije en persona: ídola) y era, para mí, la más elegante de la sala… ¡y estaba el listón alto!

– Había otro tío llamado Carlos Bravo del que se habla mucho también: porque decía que había que escribir un 30% más que el resto (apañado voy) y no sé qué del G+1. Ah, y porque era muy guapo a la par que bajito.

– Que Mónica, Laura y Juanpa son adorables. Cosa que ya sabía.

– Que el mejor sitio para cargar el móvil era la sala de lactancia y que en la desesperada búsqueda de enchufes ¡hubo quien llegó a Atocha!

– Que hay que tener un excel con contraseñas y no sé cuántas cosas más

– Que se creó un club de bloggers rurales para los que no les da la cabeza para seguir tanto consejo. Por supuesto, ya soy miembro.

Y bueno, llegué a lo programado: al fiestón. Comida tan rica como escasa, pero barra libre de bebidas, que amorticé como correspondía. El verdejito de Rueda daba la talla y no se le pueden poner pegas al evento: por 17,50 no se puede pedir más. Otro acierto de la organización. Pude charlar con muchos bloggers, tuve la suerte de tener en brazos al bebé de La chica perika un ratito (y es, como dicen los argentinos, completamente morfable) y el veredicto en mi pugna con mamanatas fue claro y abrumador: !SÍ A LA BARBA!

mamanatas: Estén atentos a sus pantallas porque este tipejo provoca más que la cospedal y se avecina algún que otro escrache más, HAHAHA!

Lo pasé en grande, pero la cosa fue por los derroteros que me temía… si llevaban en la Casa del Lector desde las 10 de la mañana, ¿quién coño iba a llegar al chocolate con churros matinal con un zapato puesto y otro quitado? Imposible. Aquello empezó a vaciarse a las 11 de la noche y a partir de las 12 quedábamos los irreductibles pendencieros habituales y otros que ya nos parecían peligrosos por la pinta. Menos mal que iba preparado.

El grupo de sospechosos habituales lo formaban: La gremlin, la runner, la tigre, Vanina y Don, Esther Gili, Niros Ania Zul, Peineta y Ata. Tres preñadas… ¡que tomen nota los que estaban tan cansados! Buscábamos un bar donde tomar la última (nos echaron del Matadero, esto es “asín”) y nos dirigimos al hispterista Costello Río que tanto recomienda la chica del barrio. Dos y poco de la mañana y nuestro gozo en un pozo: que anduviéramos vía, que iban a cerrar. La gremlin utilizó sus mejores artes para sacarle al camarero un sitio cercano donde tomar algo. Él le dijo algo de un sitio que estaba a 30 metros al que podíamos ir si éramos de fiar… ¿sospechoso? ¿quién dijo miedo? Se llamaba algo así como no se qué PINO no se qué ROJO. Allá que fuimos.

Tras 30 metros multiplicados por 10 llegamos a un bar cerrado a cal y canto que se llamaba algo de pino rojo y que tenía una pinta bastate más sospechosa que nososotros. Era algo así como La Ostra Azul pero con las luces apagadas. ¿Que qué es la ostra azul? ¿Pero vosotros tuvisteis infancia?

En fin, que allí se acabó la noche grupal y cada mochuelo a su olivo. Pero el Don y yo no nos dábamos por contentos y buscamos un sitio por el barrio… ¡Oh, miserables hados! hasta el mítico Iberia nos cerró la puerta en las narices y ante la perspectiva de entrar al único sitio abierto cercano, la Sauna Paraíso, entramos al apartamento. La noche duró hora y media más, 90 minutos de charla de amigos de esas que no quieres que se acaben nunca y el Don y yo demostramos que somos unos caballeros saliendo a la calle a buscar algo de comer en un 24 horas. Que no se quedasen nuestras damiselas sin el colacao y un donut para ir a la cama.

Yo di cuenta también de las muestras de la marca de mujeres esas y de la hamburguesa de atún de Isabel, pero esa es otra historia que puede que se convierta en otro post sobre una marca, SIN PATROCINAR. Cómo era eso, ¿ALT? ¿NO FOLLOW? Enseñadme algo los que estuvisteis, perrac@s, que ya sabéis que soy el paria de esta pareja!!!

Y las cosinas de Lanoa van para…

Bueno, amigos, más vale tarde que nunca… íbamos a cortar el martes, pero a última hora fueron llegando algunos despistados y decidimos alargarlo hasta el último momento.

Finalmente, los participantes son:

1 – La Manada
2 – Cruz entremadres
3 – Yohanna Arco
4 – Chincha Rabincha
5 – Chus San Salvador
6 – Yolanda San Segundo
7 – Cris
8 – Bienvenidos a Lilliput
9 – Me gusta mi barrio
10 – Blanqui
11 – Andrea Sánchez
12 – enfermería7
13 – Ana María Ramos
14 – Yolanda Dibujos de Nube
15 – Vanina
16 – Golosi

El número representa, salvo error, el orden en que se apuntaron en el formulario de Lanoa. En todo caso, da igual. La probabilidad de que cada uno gane no deja de ser del 6,25%. Nuestra idea era que el guaje sacara un número de la bolsa, pero dejándolo para este medio día era imposible. Así que vamos a utilizar el horripilante Mr. Random.  Metemos el rango de números, pulsamos generate y el resultado es…

¡Prometemos no volver a hacerlo así!

¡Prometemos no volver a hacerlo así!

Así que, muchas felicidades a la cordobesa más viajera. Como me imagino que no te podrás acercar a la fiesta de Lanoa de mañana, Diana se encargará de realizar el envío. Ahora que lo pensamos, un babero y un peluche… ¿tienes novedades que compartir?  😛

¿Qué me pasa, doctor?

No pude aguantarme más. Después de dos meses largos sufriendo extraños síntomas para los que no encontraba explicación, decidí acudir al médico y contarle mis problemas.

Mamanatas accedió finalmente a acompañarme. Aderezó su OK con una pequeña mueca de disgusto y hastío, pero con tal de no aguantar más mis lamentos estuvo de acuerdo.

La sintomatología era variada y era difícil orientarse hacia un especialista u otro. Me decidí a ponerme en manos del médico de familia y, así que conseguí cita  y allí nos fuimos.

– Mire doctor, la verdad es que no sé por dónde empezar. He estado buscando información en internet -ya se que no debía hacerlo, pero no lo pude evitar- y lo único que he conseguido ha sido intranquilizarme más.

– Claro, claro… ¡ay, el daño que está haciendo internet! Bueno, ahora está usted aquí. En buenas manos. Tranquilícese y cuénteme todo lo que le pasa.

El doctor había captado perfectamente mi estado de ánimo. Continué.

– Pues mire usted, desde hace dos meses y pico me siento raro. Todo empezó con cogerle manía a algunos alimentos. Cosas que antes me pirraban, como el queso azul, ahora es que no lo puedo ni ver. Y también me pasa con el bacalao… me encantaba, pero es que es pasarme por la sección de salazones en una pescadería y no puedo soportar el olor. Me resultaría imposible comerme eso.

– Bueno, tampoco parece muy grave. A veces sufrimos cambios hormonales asociados a la edad -¿me estaba llamando viejo?- y nos ocurren estas cosas. Quizás podría derivarle a un endocrino, si eso le preocupa.

Mamanatas tensaba poco a poco la expresión, como si pensara que todo era una pérdida de tiempo. No dejé que me influyese y continué.

– No, si lo de los olores es lo de menos. Es que también me siento muchas veces empachado después de comer. Llego a la cena sin apetito, y no es raro que a veces sienta alguna náusea o pequeño mareo ante la presencia de comida.

– Vaya, eso sí que me extraña. ¿Y nota alguna cosa más?

– Pues lo más destacable es lo cansado que me siento. Es hacer cualquier cosilla o algún juego físico con el peque y me fatigo. Por no hablar de la somnolencia… antes no me dormía nunca viendo la tele y ahora es ponerme en una posición cómoda y se me caen los párpados irremediablemente.

– Interesante, interesante… – el doctor iba tomando notas.

Mamanatas comenzaba a respirar produnda y sonoramente dando muestras de impaciencia.

– ¿Alguna manifestación física más? Cuanta más información tengamos, más fácil será intentar encontrar una solución. Aunque probablemente no sea más que estrés. Ya sabe, la enfermedad del siglo XXI.

– Hombre, quizás no tenga nada que ver, pero a veces siento un dolor intenso que me empieza aquí -me señalé la parte baja del glúteo- y me baja por la pierna hasta casi la rodilla.

– Dice que es ciática, doctor -señaló mamanatas con sarcasmo-. Nunca la ha tenido así que no sé de dónde lo saca, pero él está convencido de que es eso.

El médico permaneció callado unos segundos mientras releía la información que había ido anotando. Luego comentó:

– La verdad es que es un caso infrecuente. Todos esos síntomas aparentemente no relacionados pero que aparecen juntos… quizás convenga hacer una analítica para tratar de afinar un poco más. Antes de eso, intente pensar, ¿alguna otra cosa no habitual que haya percibido recientemente?

– No sé… ahora que lo dice, pues sí que he notado que tengo el vientre algo más hinchado. Mi mujer dice que estoy engordando, simplemente, pero claro, con el resto de síntomas todos juntos y con la cantidad de cosas raras que se ven, ya no sé qué pensar.

– Bueno, pues para eso tenemos un poco más de suerte. En la consulta de la enfermera tenemos un pequeño ecógrafo. Vamos a hacer una  revisión rápida extraoficial, aunque sea para tranquilizarlo -dijo el médico para mayor asombro de mamanatas.

Pese a mi cuerpo hercúleo, mamanatas se empeña en verme así…

Nos fuimos los tres a la consulta adyacente, me quité la camiseta y me tumbé, me untó con la cremita pringosa y me puso el aparato sobre el vientre. Durante un buen rato, estuvo moviéndolo de un lado a otro. Mamanatas comenzaba a moverse impaciente por la consulta, suspirando y meneando la cabeza de lado a lado. Finalmente, el doctor dijo:

– Pues no veo nada, más allá de un hígado algo graso. Creo que su mujer tiene razón y simplemente está engordando. Creo que vamos a pedir entonces la analítica y también una radiografía de contraste de la zona abdominal y…

Y entonces, mamanatas estalló:

– Bueno, ya está bien. ¡Consentí en venir contigo hasta aquí pero ya no puedo más! ¡Lo último sería perder más tiempo y dinero con pruebas inútiles! ¿Quiere saber lo que le pasa a mi marido? Pues se lo voy a aclarar yo.

Con la fuerza que le daba la indignación, cogió el ecógrafo del médico repentinamente con la mano izquierda mientras con la derecha se levantaba la camiseta, y sin que el médico tuviese ni tiempo de reaccionar, lo puso bajo el ombligo e hizo un poco de presión. Apenas pasaron un par de segundos para que apareciera esta imagen en el monitor…

¡SÍ, EL SEGUNDO (y último…) ESTÁ EN CAMINO!

… y que el doctor, boquiabierto, pudiera constatar que mi capacidad de somatizar el embarazo rompe las fronteras de lo paranormal.

mamanatas: Esta historia está basada en hechos reales… vale, lo de ir al médico no, ¡era lo que le faltaba! todos los síntomas que comenta aquí el amigo dice que los tiene él, todos y cada uno de ellos, y no los sufre en silencio precisamente. Madre mía, hartita me tiene. Y para colmo de mis despertares nocturnos, el de proporciones hercúleas está roncando más que nunca, qué cruz!