Archive | julio 2012

Diferencias irreconciliables

Como muchas dentro de la madresfera decís que esto del blog nos vale de terapia (ojo, como solución no está mal, que la cosa está jodida para permitirte pagar por echarte en un diván y además seguro que yo aprovechaba y me dormía) hoy voy a utilizar este post para enterapiarme un poco.

Alguna vez hemos comentado que paparracho y señora somos como pinypon: nos gustan más o menos las mismas cosas, tenemos unos planteamientos de vida muy similares, decimos frases largas exactamente en la misma décima de segundo… peeero, no todo es perfecto así que este post no solo va de psicoanálisis, también va de vergüenzas propias, de sensacionalismo, de amarillismo… siiií, lo peor de todo es que sabemos que os gusta, perrac@s!

paparracho: Uf, miedo me da por dónde me puedes salir en esta entrada…

Antes de nada aclaro que: “cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia” y también “cualquier cosa que escriba NO podrá ser utilizada en MI contra”.

Partiendo de esto, el problema de nuestras diferencias es que, creo que jamás de los jamases nos pondremos de acuerdo en ninguna de ellas; no solo no nos pondremos de acuerdo sino que además son cosas que nos molestan muchísimo del otro, así que, a veces se nos va tanto de las manos que solo nos falta lanzarnos pelotas de goma de esas ilegales.

Enseñando valores desde que son pequeñitos…

Diferencia 1Paradas en los viajes largos: paparracho no paraba en los viajes ni pa’mear. No sé cómo hacía para aguantarse las ganas… a lo mejor utilizaba la técnica esa tántrica “pa’dentro” de Sánchez Dragó pero en vez de con el semen con el pis… (joder, no quiero pensar la de búsquedas raras que nos van a entrar al blog por esta frase…).

Y digo yo: ¿no podían haber puesto el rectángulo negro en todo él?… ¡no nos odiéis por esto!

He utilizado el pasado porque ahora con la disculpa del guaje puedo ir al servicio antes de que me explote la vejiga y hasta comer una pantera rosa en un día de esos tontunos.

paparracho: ay, con lo bien que vivíamos en la época del pañal… pero es que a los viajes se va cagao y meao de casa, hombre ya! Que son solo 4 horillas… y no mientas, malamujé, que siempre hemos hecho una parada a medio camino (con el guaje estamos intentando optimizar las 2 paradas, pero no es fácil, no)

Diferencia 2Tonalidades: El haber estado relacionado con el mundo de la música es lo que tiene; a paparracho le superan mis magníficas actuaciones musicales. Situación: mamanatas cantándole al guaje una canción infantil; el guaje reía, la madre reía, todo muy idílico. Hasta que llega paparracho a corregir a la cantora mamá diciendo: “no-no-no,no es así, es que estás un semitono por debajo, repite conmigo…”. Y mamanatas, hasta los huevos, suelta la frase que quedará en los anales de nuestra casa: “¡venga yaaa, no me fastidies la vida por un semitono! ¡déjanos vivir!”

paparracho: es que los semitonos son muy importantes. Llevas cantando mal el himno del sporting desde que te conozco (y eso no te lo perdono; verás como salga el guaje del Madrid!) y he tenido que enseñarte a cantar el “Susanita tiene un ratón” y hasta el cumpleaños feliz, que tiene telita lo tuyo.

Diferencia 3Pasión: A pesar de que los dos somos evidentemente rojeras (si alguien no se ha dado cuenta todavía, es que no nos lee) mamanatas es un poco más perroflauta y paparracho más progre.

Afortunadamente, mamanatas no ha llegado a este punto de perroflautismo… esto haría convertirse a paparracho en un Trillo, por lo menos!

Y como buen equipo, uno bajó a recibir a los mineros el martes por la noche y la otra se fue a manifestar con ellos el miércoles por la mañana. Problema: mientras mamanatas hacía su labor como fotoperiodista, paparracho le envíaba tropecientos whatsapp y le hacía chorrocientas llamadas. mamanatas en su afán por captarlo todo, tan libre como se sentía sin guaje pancartero a su vera, de vez en cuando respondía a algún whatsapp…
– paparracho: oye, por lo ha visto han empezado a cargar
– mamanatas: ah, ¿sí?, pues donde yo estoy no se ve nada raro; he conseguido subirme a una especie de andamio de prensa, tranqui…
5 minutos más tarde y varias llamadas perdidas y whatsapps que decían:
– p: hay la de dios… porrazos, detenidos… mamanatas, dime algo, pordios… mamanataaaaaaaas
mamanatas le escribe diciéndole que estaba bien; y el otro: vete de ahí, anda; y la otra: vaaale, en breve me voy; y él: vete YA, yo ya no te digo nada más, haz lo que quieras, avísame cuando te hayas ido; y ella responde con un simple “ok”.
Y allá que decide ir a coger el metro donde había pasado todo el lío; ya no había movida pero seguía habiendo un poco de tensión, lecheras pa’rriba, lecheras pa’bajo, insultos pa’quí, insultos pa’llá… pero como ya no había chicha que fotografiar y la hora para recoger al guaje estaba apremiando no tuvo más remedio que apagar la cámara y enviarle a paparracho un whatsapp:
– m: ya estoy en el metro
– p: buff, ya respiro tranquilo, pasionaria

El auténtico y verdadero perroflauta :O

Y es que paparracho tiene un punto paternalista que a mí no me gusta… bueno, vale, a veces me gusta pero solo cuando yo quiero; cuando no quiero, no me gusta. ¿Y cuándo no quiero? Ah, pues no lo sé, que se lo curre un poquito, ¿no?

paparracho: mira, temeraria, si pretendes que te siga con esas instrucciones tan detalladas, vas dada. Cada día estoy más convencido de que tengo el cielo absolutamente ganado contigo.

Diferencia 4Su cólera por los aires: No sé cómo se las apañan el resto de parejas pero es que nosotros somos desavenenciadores hasta para afrontar los enfados:

  • mamanatas: puedo estar horas sin hablar; no soy rencorosa, no las guardo para siguientes ocasiones pero el enfado se me tiene que pasar: a veces se pasa en 1 hora, a veces en 8 horas…
  • paparracho: lo hablamos en un minuto y ya está, ¿no? todo ok!

Hombre, pues digo yo, que un término medio no nos vendría mal, ¿verdad?

paparracho: mi versión es que paparracho tiene un corazón extraordinario pero un pronto que le hace saltar a la mínima, a veces más de la cuenta (poquitas veces) y que mamanatas disfruta alargando los enfados, incluso cuando son por tonterías, para castigarme porque sabe que no lo soporto. Si esto no es crueldad, ¡que baje dios y lo vea!

Y hasta aquí nuestras diferencias irreconciliables (confesables). Hay muchas más pero esas no las contamos (por ahora) 😉

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¡Hasta siempre, güelita!

La semana pasada me ocurrió una de esas cosas que sabes desde hace meses que van a pasar pero para las que nunca estás suficientemente preparado: recibir la llamada de tu madre diciéndote que tu abuela estaba muy grave. Viendo lo que le estaba costando reprimir el llanto supe que ya no había vuelta atrás y rápidamente nos organizamos para un viaje express a Gijón. Aún no había llegado a casa cuando fue mi padre el que llamó para decirme, entrecortadamente, “murió güelita”.

Esta es la entrada que más me está costando escribir desde que empezáramos con el blog, pero es algo que tengo en deuda con ella,  con Carmina, con Menchu, con güelita Carmen. No quería funerales ni misas de ningún tipo en su despedida sino que leyéramos unas palabras dedicadas a ella. Mi madre me preguntó aquel día si quería escribir algo pero esta fue una de las escasas ocasiones en que me haya arrugado en mi vida, no tanto por el miedo escénico sino por el temor de que la premura y los sentimientos descontrolados que en aquel momento me inundaban, hicieran que mis palabras no estuvieran a la altura que ella se merecía. Afortunadamente, mi padre sí había escrito unas líneas y una hermosa poesía para ella con el encanto que da el amateurismo y el carácter único que tienen las palabras cuando se escriben desde lo más profundo del corazón.

Mis abuelos con mi prima y conmigo en brazos. Todos los llamaban Colás y Carmina, pero entre ellos mismos se llamaban Nico y Menchu. Genios y figuras.

He tenido la suerte de tener cuatro grandísimos abuelos y el lujo de poder disfrutar de ellos hasta mi vida adulta. El primero, mi tan querido Nicolás, lo perdí cuando casi tenía 22 años. A Noelia y Ángel, dos personas únicas cuyos caminos apenas se cruzaron fugazmente, los tuve conmigo hasta hace prácticamente un suspiro. Ninguno de ellos pudo conocer al guaje por esa manía tan del siglo XXI de tener los hijos tan tarde. Carmen, quien conoció no solo al guaje sino a varios bisnietos, hubiera cumplido 92 años este pasado lunes, aunque hacía ya muchos meses que la pobre no quería cumplir más y solo pedía reunirse pronto con los que ya habían partido.

De alguna forma, creo que los abuelos hacen que mantengamos un vínculo con nuestra infancia y juventud. Mientras los tienes, hay algo de ti que sigue siendo un niño. Da igual que trabajes de traje y corbata o que tengas 5 hijos y ya no cumplas los 40: sigues siendo el nietín, y de alguna forma ese punto de apoyo hace que no abandones el guaje que llevas dentro. La marcha de güelita no solo me ha  dejado un hueco doloroso imposible de llenar sino que además, he dejado para siempre de ser nieto. El cambio generacional se ha  consumado, y yo con estos pelos.

Una de las escasas pero innegables ventajas de la lactancia mixta. Para mí, esta foto de mi abuela dándole el biberón al guaje vale millones de euros.

Tuve la fortuna de estar con ella el fin de semana anterior a su muerte. La había visto muy consumida, más apagada de lo normal y por eso la acaricié mucho y le di muchos besos y nos hicimos alguna foto con el guaje y su primina, de las pocas cosas que aún conseguían arrancarle una sonrisa las últimas semanas. Me alivia mucho saber que estuve allí solo unos días antes y que pude transmitirle el  enorme amor que tenía por ella. El que siempre le tuve.

Y es que güelita Carmen era una mujer realmente increíble, con infinitud de vivencias y muchas ganas de contarlas: era una parlanchina impenitente pero no resultaba nada pesada; la típica persona capaz de alegrar cualquier reunión de amigos. Viajera incansable, lo único que le vi reprocharle a mi abuelo Nicolás era el no tener carnet de conducir (él no quería conducir y tampoco quería ir de copiloto como un “pinín”; eran otros tiempos), pero eso no fue impedimento para que recorrieran la península de cabo a rabo solos o en compañía de sus hermanos o amigos más cercanos. De muchos de esos viajes hay fotografías y películas en super 8 que, cuando recuperemos las fuerzas, podremos disfrutar apasionadamente.

Anécdotas para contar hay miles, pero son los pequeños detalles los que me apetece recordar ahora: el cariño con el que nos recibían en su casa a todos los primos cada fin de semana; esos desayunos con Eko que nunca faltaban en casa para güelito y para ella y jamón para los nietos; su insistencia en que fuera mi única prima la que hiciera las camas de todos y cómo aceptó (no sin batallar) que los tiempos habían cambiado y que cada uno tenía que hacer sus propias cosas; su felipismo militante e incondicional; cómo se quedaba dormida cada noche en el sofá viendo la televisión y al día siguiente se lo negaba a mi abuelo (él un día se levantó de la cama y le tapó los cristales de las gafas con cartón… ¡menudo susto se llevó al despertarse!); cuando me enseñó a jugar a la brisca y al chinchón y las divertidísimas timbas en su casa; cómo corregía a mi abuelo las historias que ÉL había vivido en la guerra civil; lo bien que cocinaba (aún no he asumido que se ha llevado consigo su receta de menestra); mis paseos con ellos por el muelle (el puerto deportivo de Gijón), el ir corriendo a su cama los domingos por la mañana para acurrucarme entre ella y güelito mientras escuchaban “los porretas” en la radio; sus “¿y de lo nuestro, qué?” para comenzar una conversación sobre política conmigo; la emoción con la que iba a recogerlos a la estación después de los eternos inviernos que pasaban en Santa Pola; su deseo, apenas hace unos meses, de mejorar un poco para irse de crucero con mamá; bailar con ella el día de mi boda y verla disfrutar hasta las 4 de la mañana; su mirada de emoción en los momentos clave de mi vida…

Cuando con 87 años se vino a Madrid en tren con su amiga Vitorina (de 93) vivimos unos momentos inolvidables. Eran puertas abiertas en el Congreso y disfrutaron como niñas. ¡Obviamente, la foto con Felipín no podía faltar!

Como le dije a ella en su fiesta de los 90 cumpleaños, me gustaría volver a nacer para vivir de nuevo todo esto junto a ella.

Yo no creo en el más allá y en eso ella y güelito tienen gran culpa. Pero no me genera ningún desconsuelo: si estábamos equivocados, güelita, tú tendrás de todas formas un buen lugar en ese cielo que cuentan y si no lo estábamos, seguirás siempre viva no ya en mi recuerdo, sino en el de todas las personas que tuvieron la suerte de compartir su vida contigo. En nosotros nunca morirás. Lo único que lamento es que el guaje haya tenido tan poquito tiempo para disfrutar contigo. Los expertos dicen que no se guardan recuerdos conscientes de lo que pasa antes de los tres años, pero yo te prometo que le contaré todas estas historias y muchas más y que con eso y las fotos y los vídeos, será casi casi como si hubieseis tenido más tiempo. Me encargaré de que él te recuerde porque tú te lo mereces y él no podría permitirse perdérselo.

¡Hasta siempre, güelita!

Preciosa en su fiesta sorpresa por su 90 cumpleaños, donde reunimos a todos sus seres queridos. Como siempre, derrochando felicidad.