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Pasado el aŕbol… al fondo a la derecha

Érase una vez un guaje al que su profesora veía preparado para dejar el pañal… ¡¿Cómorrl?! Dijeron sus progenitores a la vez.

Con lo seguros que nos sentimos los papás con San Pañal… vale, nos quejamos de su precio pero ¡que nos quiten lo cagao!
(Atención al bebé desgañitado del fondo que por la gracieta del hermano no le hacen ni puto caso)

En realidad, esta historia comenzó mucho tiempo atrás, cuando el pequeño empezó a hacer pis en el orinal.  Por aquella época, estaba muy orgulloso de poder miccionar (¿habrá palabra más fea que esta? yo prefiero decir “mear”, no me caracterizo por mi finura…), pues eso, estaba tan orgulloso de no mearse en el pañal que le encantaba bajarse los pantalones en cualquier lugar; ¡qué afición a este exhibicionismo evacuador! Como me despistara un segundo andaba medio parque con los pantalones por los tobillos, pero también lo hacía en el supermercado,  en la panadería, en el autobús… Aquí lo cuenta con mucho “detalle” paparracho.

La siguiente fase fue la de sentarlo en el inodoro (otra fea; mejor váter, ¿no?). Y en ese momento la cosa empezó bien, muy bien, demasiado bien… mientras los padres de otras criaturas meadorasbarracagadoras tenían problemas para sentar a sus vástagos en el “trono” (conocemos algún caso en el que lo utilizaba como si fuera una moto pero de lo otro nanaina), el nuestro se podía tirar allí sentado su cuartito de hora, veinte minutos, y de ahí pa’rriba; a mí lo que me extrañaba es que cuando se levantaba caminaba normal!!… ¿cómo era posible que no se le durmieran las piernas? Es lo que tiene la afición lectora-escatológica…

paparracho: a él no se le dormirán las piernas (aunque queda con las marcas del adaptador el pobre), pero a mí sí. ¡Si casi me duermo allí entre el Pollo Pepe y el Ratón Nicolasete! Madre mía, con lo que yo soy, que cuando entro en el WC, por el tiempo que estoy nunca se sabe si fui sólo a mirarme al espejo o a preparar un buen frosting de chocolate como buen trendy-dad que soy.

El otro incoveniente de esta fase era la planificación porque, claro, intentar salir a determinada hora era imposible: ¿cuánto nos iba a llevar el momento allbran? Y el día que decides, junto con paparracho en gabinete de crisis, sentarlo en el váter 20 minutos antes de la hora, ese día el tío finiquita el tema en cero coma y justo cuando estás poniéndote la chaqueta para salir por la puerta: ppprrrrrrr (sonido pedo) y se caga… y encima se caga blando… ole tus…

paparracho: oiga usted, que está mancillando el honor del guaje. [modo PADRAZO = ON] ¡Nunca hizo eso desde que le quitamos el pañal! Pasó alguna vez cuando aún lo llevaba, pero ahora lleva semanas y semanas limpio, que quede claro. No te preocupes, guaje, que está aquí tu padre para defenderte de ésta. [modo PADRAZO = OFF]

¿A quién no le ha pasado esto alguna vez? Nosotros confesamos: alguna vez, pero cuando te das cuenta, coño, repite la foto delante del espejo ¡sin flash!

La etapa actual es la de “Érase una vez”. Sin pañal que vamos por la vida como unos insconcientes, kamikazes, temerarios… Para ilustrar nuestra falta de sentido común un botón: a nadie se le ocurre empezar el primer día sin pañal pasando todo el día fuera de casa; a nosotros sí; a nadie se le ocurre que ese día fuera de casa sea  en la pradera madrileña en San Isidro; a nosotros sí; a nadie se le ocurre llevarse el orinal para pasar el día entre gallinejas y jóvenes haciendo botellón; vengaaaa, todos juntos, a quién: ¡¡a nosoootros siií!! ole nuestros…

Era para habernos visto: para empezar, teníamos al guaje en calzoncillos, camiseta de tirantes y chaleco de chulapo con clavel… ¿alguien puede superar eso? Cada poco lo poníamos a hacer pis; para no vaciar su contenido al lado de todo el mundo nos dábamos un paseo de unos 200m hasta una zona de matojos y allí lo limpiábamos con unas toallitas “de aquella manera” y vuelta a nuestra zona de acampada; pero llegó el momento orinoco con canoa (a.k.a. pis+caca) y nos enfrentamos a ello como un equipo unido: fuimos los dos a las labores de limpieza, paparracho pudo tirar prácticamente todo el líquido y quedarse con el sólido, mamanatas sujetaba una bolsa en la que paparracho depositó dicho sólido, esa bolsa la tiramos a un contenedor (sí, parecía que habíamos ido con Toby), y a continuación otra vez limpieza “de aquella manera” con las toallitas, en esta ocasión más concienzudamente, aunque fuimos afortunados: el sólido era bastante sólido… A la muchachada de la zona la teníamos alucinada con el orinal paseo pa’rriba paseo pa’bajo.

paparracho: a fe de ser justos y puestos a contar anécdotas, te falta la del otro día. Sí, esa en la que pensaste que ya estaba listo para mear de pie contra un árbol y simplemente le ayudaste a apuntar y listo. Resultado: el niño meado encima por culpa de una madre inexperta en prepucios… a tus casi 40 años!!!

[Voy a hacerme inexperta en tu prepucio, gilipollas; "a tus casi 40 años"... esta no te la perdono.]

Ese día quedará para siempre en nuestra memoria (y en este blog, que hará que el guaje nos tenga cierto resquemor y que la posibilidad de asilo tercermundista para nosotros aumente más que la prima de riesgo).

Padres del mundo: si la profe dice que están preparados y si queréis a vuestros hijos, animarsen a quitar el pañal… no vaya a ser que se lo quiten ellos mismos.

Y bueno, la verdad es que a día de hoy tenemos que agradecer a esta profesora la confianza que ha demostrado tener en el guaje. Por ahora lo lleva estupendamente, pocas veces se le ha escapado, empieza a pedirlo, le hemos espaciado el tiempo de sentarlo y creemos que ya ha concluido exitosamente la operación pañal. Eso sí, esperemos no estar pecando un poco de “sobraos” y que llegue el día en que nos la monte a lo grande y bien gorda: no sé, se me ocurre, por ejemplo, que se te cague en el metro… siento pánico solo de pensarlo, OMG!!

¡Manos arriba, esto es un atraco!

El otro día fuimos a la manifestación del 29 de marzo con el guaje. Parece ser que hay personas que a esto lo llaman adoctrinamiento o algo similar. Es evidente que este no es un blog sobre política. Y es evidente, al menos para mí, que mi asistencia a dicha manifestación con el guaje no es para adoctrinarlo. ¿Por qué voy a algo así con un mico de casi 2 años? Primero porque no tengo a quien “encasquetarlo” así que se viene conmigo; hablo de “encasquetarlo” porque la realidad es que es un coñazo para él estar sentado en la silla cuando quiere jugar, correr, saltar… pero no me queda otra si quiero luchar no solo por mí sino por su futuro. Y segundo porque no puedo (ni quiero) separar lo que soy como mamá de lo que soy como persona que tiene unos pensamientos, unas convicciones y unos ideales. Nos gustaría educarlo como un ser pensante con sus propias opiniones y decisiones, y no vemos la necesidad de tenerlo dentro de una burbuja que nos haga ser totalmente asépticos con nuestras ideas. Lo contrario me parece insano.

paparracho: ¡esa es mi mamanatas! Cómo no la voy a querer…

¿Por qué todo este rollo? Pues porque volviendo de dicha manifestación, cuando nos estábamos metiendo en la boca del metro bajando las escaleras no mecánicas, mi cuñada+carrito ayudada por un amigo, y yo+silla ayudada por nadie, escucho a alguien que dice en voz bien alta en un tono desagradable y repitiendo varias veces lo mismo, que por qué hacíamos a los niños hacer payasadas (ahora me doy cuenta de que realmente quería que lo escuchara). Yo no pensaba ni de coña que fuera conmigo el tema pero tanto reincidía en el asunto que miré por curiosidad al niño “payaso”. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que era el mío. Miro al bocachancla que mira a mi niño payaso, el cual lleva en la mano un cartel que por un lado ponía “No a los recortes” y por el otro “Sin pan ni paz”. Tras unos segundos intentado asimilar la situación, me salta el chip (ya me vais conociendo, pequeña pero matona) y le digo cuatro cosas al tontolculo: que es un maleducado, que no nos falte al respeto, y que “payaso eres tú bastante”. ¿Me arrepiento? Sí, porque esto no es lo que quiero que el guaje vea de mí. Solo por eso.

paparracho: si es que terminas un día metiéndote en un lío. Macarra! Bocachancla, dice…

Hete aquí la pancarta... una payasada, vamos. Nada que reclamar en los tiempos que corren, parece ser.

Y todo este diálogo mientras bajaba sola la escaleras… mujeres multitarea.

Cuando termino de bajar y me junto con mi cuñada y mi amigo, se lo cuento, y allá que se va la cuñada, que los tiene cuadrados (otra pequeñita), a decirle también cuatro cosas. Argumentos del bocachancla: “esto es una huelga política, hay que trabajar más, esto se arregla trabajando…”. Que te dan ganas de decirle: ¿qué me estás llamando, bocachancla-que-te-estás-bebiendo-una-lata-de-cerveza-en-la-calle-con-tus-amigotes-de-cuarenta-y-muchos-como-si-tuvieras-15-años?

Pensándolo a posteriori, porque estas cosas siempre se te ocurren a posteriori, tenía que haberle dicho con mucha tranquilidad e indiferencia, que, por favor, se guardara su opinión que nadie se la había pedido, y que en vez de juzgar lo mejor que hacía era ayudarme a bajar las escaleras con la silla del niño pancartero. Hubiera quedado como una señora y él se hubiera quedado planchado. O no, porque a lo mejor me responde que no ayuda a “vagos y maleantes”. Yo qué sé.

¿Tengo que explicarle yo a este gilipollas que el cartel se lo dio una señora al guaje porque le hizo gracia y que el niño estuvo entretenido un buen rato con él intentando pegar cartelazos a todos los de alrededor? ¿Tengo que explicarle yo a este idiota que no soy una perroflauta que anda tirada por las calles ni una violenta que “provoca” a los policías para que me tiren pelotas de goma, que solo soy una madre normal que quiere lo mejor para su hijo? ¿Tan grave es, realmente, que me manifieste pacíficamente por algo en lo que creo con mi hijo en brazos? ¡Anda y que te den dos duros! Que no te veas nunca indefenso en tus derechos como persona y como trabajador porque a lo mejor cuando quieras protestar de verdad ya no puedes.

Esta era la pancarta buena. !Qué pena no haber comprado El Jueves esa semana!

Ahora parece que está muy de moda en los medios, mencionar que en Alemania está prohibida la huelga política (esto es, hacer una huelga contra una ley o cualquier otro proyecto del ejecutivo). Si ya pretenden quitarnos esto, a qué punto vamos a tener que llegar para que se nos escuche a los ciudadanos. Qué mejor manera de expresar nuestra opinión que pacíficamente. Como siempre, los ejemplos y las comparaciones con otros países europeos son sobre aspectos negativos, pérdidas de derechos, etc. Con las cosas buenas que tienen ellos, que son muchas, nunca hay nada que comparar.

Habrá gente que nos lea que esté completamente en desacuerdo con lo que he escrito. Me encantaría conocer vuestra opinión pero, por favor, educación ante todo. Y que conste, que aquí no estoy hablando de simpatizar con las razones de esta huelga/manifestación ni con tal o cual partido/ideología; estoy hablando de poder expresarnos libremente, de poder explicar a  tus hijos tu visión de la vida sin que te tachen de roja comunista adoctrinadora, de inculcar al guaje una solidaridad global, de inspirarle en su lucha reivindicativa y no conformista, ¿a alguien realmente le parece mal todo esto?

Para terminar diré que la “canción” que más le gustó fue la de ¡Manos arriba, esto es un atraco! Y, por favor, que nadie se piense cosas raras, es un niño de casi 2 años al que le encantan las canciones con algo de mímica, así que, en brazos de su mamá mientras esta bailaba y cantaba y él con sus manitas hacia arriba, lo pasó pipa. Simplemente eso. Ya tendrá tiempo a formarse sus propias opiniones y su ideología, eso sí, con las situaciones y las circunstancias que le rodean.

Un pistolero llegó a la ciudad…

…Y tiene el gatillo fácil, que lo sepáis.

Hace unas semanas, la maravillosísima profe del guaje nos comentó  que ya hacía pis en el orinal y que teníamos que animarnos también en casa. La verdad es que nos pilló por sorpresa, y no por extraordinario sino porque, como buenos padres primerizos, somos unos niputaideístas de tomo y lomo: El guaje ya pasaba del año y medio, así que no era ningún superdotado en control de esfínteres ni mucho menos.

mamanatas: ay, pobre, si es que es muy pequeñín todavía… [modo yopormihijomato ON]

Había que meterse en harina… teníamos el orinal de mickey mouse que había llegado de Gijón con todo el cariño de los abuelos y solo había que intentarlo. Como suele ocurrir, el guaje lo puso facilísimo. Este niño es así: duerme bien, come bien, mea bien,  no le duelen demasiado los dientes… ¿¡Cómo coño se puede mantener un blog aspirante a divertido de esta forma!?

Al peque le entusiasma el momento orinal. Si está aburrido, dice “mamáaaa/papáaaaa, piiih” y allí que nos vamos en comandita. Tiene todo un protocolo, no os creáis: él se baja los pantalones, tú le desabrochas el body, él se quita el pañal, te agarra una mano para sentarse con cuidado… ¡y te pide un libro! No sé a quién ha salido, como casi nunca, pero es un fanático de la lectura en el trono. Si no hay cuento, no hay pis, y mucho menos muñequito de barro (hasta ahí podríamos llegar).

Nunca he entendido el gusto por la lectura en el WC, pero es una costumbre masiva. Para muchos, esta imagen representa el paraíso...

Él se lo toma con calma. Yo creo que lo que más le gusta es tener un ratín tranquilo con sus cuentos y la cola al aire y un papá que lo mire con expectación… termina un cuento y yo pregunto “¿ya? ¿hiciste pis?“. Un escueto “no” sin darse nada de importancia y una nueva petición de libro es toda su respuesta. Terminados dos o tres cuentos y gran parte de mi paciencia él dice “bebéeee” señalando una revista de peques… otros 5 minutos de lectura apasionada. No lo he comentado antes, pero el bidet en casa tiene más ejemplares de literatura infantil a estas alturas que la biblioteca del barrio.

Llega un momento en el que yo ya no puedo más y le intento convencer de que hay que levantarse. Protestando un poco me ofrece las manos para ayudarlo a levantarse y sin estar del todo de pie ya se gira a ver su obra de arte. Ahí pueden ocurrir varias cosas:

  • Orinal impoluto: algo de cara de desilusión en el guaje, sensación de pérdida de tiempo en el papá y palabras de ánimo y consuelo. ¡No pasa nadaaaa! ¡Ya verás qué bien la próximaaaaa!
  • Dos gotas de pis: Ilusión contenida paternal, emoción por parte del guaje ante la misión cumplida (el pobre se lo toma en serio) y nueva actuación estelar grupal consistente en echar las dos gotas por el WC y tirar innecesariamente de la cadena entre aplausos infantiles.

mamanatas: A veces veo… ecologistas (y tengo miedo).

  • El Orinoco: Lo intuyes cuando ves que el pañal está seco. Y a pesar de que las veces se cuentan por decenas a estas alturas, no deja de sorprenderte el tamaño que debe tener esa vejiga. PIIIIHHH, PIIIIHHH, dice el cachondo mientras da saltos y aplaude. Qué entusiasmo ante las pequeñas alegrías de la vida. Ser bebé tiene que ser genial; qué pena que no nos acordemos de mayores.
  • El Orinoco con canoa: Sin palabras me quedo… es ver que empieza a guiñar el ojo y me echo a temblar, porque él lo suelta rápido, pero el ritual lector no se acorta. “Peque, venga, que ya acabaste“, imploro. Él “mah, mah“… y ahí me tiene sus 10 buenos minutos releyendo el chupete del ratón nicolasete, los animales en la granja y el último número de la revista de turno. Cuando mi pituitaria no puede resistir más suelo terminar de convencerlo para levantarse y quien no sea padre no podrá imaginar la ilusión con la que el guaje se ha cagado literalmente en Mickey. Alborozo, jolgorio, bailes… ¡Con qué emoción recibimos los padres esos primeros mojones!

mamanatas: Todavía recuerdo un día, no muy lejano, mientras yo planchaba y el padre estaba con el guaje en ese momento mojón, que cada 30 segundos venía a quejarse diciendo una frase de estas: “pero a este niño qué le pasa, está recreándose en el olor, no lo entiendo, cuánto tiempo va a estar así, no aguanto más, me dan arcadas, vas a tener que venir tú”. Y yo sin decir ni mú, mirándole con cara de circunstancia, y descojonándome cuando no me veía, jijiiji.

La clave dicen que está en que el niño vea que utilizar el orinal es guay y que así va asociándolo y aprendiendo a contener sus ganas. La verdad es que tanto baile está funcionando muy bien y está mejorando muchísimo últimamente, aunque nos ha hecho pasar algún rato inesperadamente divertido como estar en el patio hablando amigablemente con un vecino de la última avería del ascensor, sentir un tirón de la manga y de repente ver a un mico de 82 centímetros a tu lado poniéndote los ojitos del gato de Shreck, diciéndote “papá, piih” y con los pantalones por las rodillas. Esto ha ocurrido también en el supermercado, en la farmacia y en la catedral de Zamora. El guaje nos ha salido exhibicionista y sacrílego!

Ay, mamina... ya lo estoy viendo de adolescente haciendo el Jesus YMCA...

Sin embargo, la mejor situación ocurrió en casa hace unos días: mamanatas estudiaba mientras yo le daba la comida al peque. Termina de comer, le digo que si quiere hacer pis, dice que no y, tras un beso a mamá, lo echo en su cuna. Él es muy disciplinado con lo del sueño y se suele quedar tan tranquilo allí, se duerma inmediatamente o no. A veces tenemos que entrar en un par de ocasiones porque notamos que está jugueteando con la persiana o los barrotes de la cuna, pero más pronto que tarde, se desploma en los brazos de Morfeo.

Aquel día, mientras preparábamos nuestra comida sentimos algo de ruido, pero fue solo por unos segundos. No le dimos mayor importancia y nos pusimos a comer tranquilamente. De vez en cuando sentíamos algo en el intercomunicador, pero era tan leve que lo achacábamos a sueño inquieto, vueltas en la cuna o algo de ese estilo. Los ruiditos eran cada vez más frecuentes al terminar el postre, así que concluimos que el niño ya estaba despierto (o que nunca se llegó a dormir del todo) y que había que levantarlo. Abrimos la puerta sigilosamente ¿y qué nos encontramos?

Persiana subida hasta arriba, forro del cambiador (elástico como una sábana bajera) suelto en tres de sus cuatro esquinas, el intercomunicador (que estaba sobre ese forro) en manos del guaje que jugaba con los botoncitos como si de una Nintendo se tratara y el guaje… el guaje estaba sin los pantalones del pijama y sin el pañal y al vernos empezó a dar saltos de alegría diciendo PIIIIHHHH PIIIIHHHHH. No lo pedía en esta ocasión, porque ya se había encargado de marcar el territorio por toda la cuna, maderas, telas y mantas incluídas.

No sabíamos si descojonarnos de la risa o comérnoslo, así que hicimos las dos cosas. Lo mejor es que pese a todo, lo pusimos en el orinal y muy diligentemente nos soltó una canoa sin orinoco de por medio, así que podemos darnos por contentos!!!!

Fines de semana “de machos” con el guaje

El guaje y yo llevamos 3 semanas haciendo planes más o menos solos. Mamanatas ha aparecido puntualmente como en el caso del gran evento madresférico, pero la verdad es que la pobre está recluída preparando los exámenes finales, que son esta semana. Si todo va bien, la tendremos al 100% con nosotros a partir del viernes. La verdad es que la echamos de menos, pero que nos quiten lo bailao al guaje y a mí en estos últimos findes. Hemos hecho cosas guays de las que únicamente hacemos los hombres cuando estamos solos.

mamanatas: 3 semanas dice… ya será menos, a ver si el guaje se cuida solo de lunes a viernes. Y encima siempre te buscas cosas guays cuando no estoy para luego restregármelo.

Inciso: ¿Os he contado alguna vez cuánto admiro a mamanatas? pues si lo he hecho, me repito: a los cuatro meses de tener al guaje y recién incorporada al paro, tuvo el arrojo de volver a estudiar (10 años después) y está a puntito de terminar un Grado Superior de Informática. Todo ello compatibilizándolo con la crianza del guaje (porque yo antes de las 19:30 es raro que esté en casa) y con buenas notas. ¡Aprieta un poco, que solo te queda una semana y ya te podrán explotar como corresponde en el mercado laboral!

mamanatas: Que no, que no te empeñes; que esta noche me va a doler la cabeza y punto.

Bueno, pues como decía, qué cantidad de cosas hemos podido hacer juntos:

  • Hemos paseado por el centro varias veces sin más logística que una mochila (para portar sus gráciles 11 kilos cuando él se cansaba) y una bolsita de pocoyó con unas toallitas y un par de pañales por si las moscas. Pudimos disfrutar de varios músicos callejeros, lo que hoy por hoy es su principal afición. Estoy pensando en sacar tajada de esto y pedirles comisión, porque es ponerse el niño a bailar delante de ellos y empezar a congregarse gente allí. Miren, miren:

  • Hemos estado de cañas con amigotes, algo imprescindible en hombres que se precien. También nos hemos ido de comilona con esos amigotes y he aprovechado a hacer la exhibición con el truco que tenemos ensayado el peque y yo: durante el vermut, le doy la comida y al terminar de comer él, yo le digo: ¿dormimos ahora? El dice: Síííííí, le echo para atrás la silla, le pongo el chupete, lo tapo con mi chaqueta y a sobar sin protestar. Los amigos con la mandíbula desencajada. Más todavía cuando no se despertó hasta que estábamos terminando el segundo y aprovechó para finiquitar los platos de cochinillo, lechazo, solomillo y chuletón que teníamos sobre la mesa. Y siempre con la mejor de sus ronrisas!
  • Nos hemos ido a ver la prueba de sonido de unos amigos que debutaban en directo con su grupo. Ni que decir tiene que se animó con la batería, y es que ahí tenemos un filón. Allí, en 5 minutos que lo dejé a cargo de un amigo, volvió con una nueva cosa aprendida. Me lo trajo en brazos y le dijo: ¿cómo se dan besos a las chicas? y ¿qué hizo el guaje? pues sacar la lengua y moverla como relamiéndose los labios. ¡Tiene futuro!

mamanatas: Por este tipo de cosas los amigotes tienen tan mala fama.

  • Hemos ido a comer cosas ricas y muy calóricas, por ejemplo, comida mejicana. Le encantó y además, tuvimos la ocasión de repetir la exhibición del “¿dormimos ahora?”   ;)
  • Hemos ido un par de veces a andar en bici juntos. Después de todo el invierno sin montar atrás conmigo, al principio le daba un poco de miedo, pero a los 100 metros ya iba chillando de felicidad y haciendo “uooohhhh”. El último paseo en bici, ayer, a la Quinta de los Molinos, donde ya habían florecido los almendros. Espectacular.

Así estaban ayer los almendros en la Quinta de los Molinos. Increíble. No dejéis de verlo si vivís en Madrid ¡No hace falta irse a Japón!

  • Hemos ido juntos a comprar los regalos de aniversario para mamanatas. Pese a llevar al niño en la mochila haciendo todo tipo de monadas para encandilar a las dependientas, no conseguimos ningún descuento extra. Eso sí, hemos incorporado una nueva experiencia juntos a nuestro currículo: visitar una tienda de lencería. ¡Qué bonito compartir  entre generaciones!

mamanatas: Yo creo que lo usas para ligar, ¿no? Y ni con esas… :P

  • Hemos ido a ver juntos un partido del Sporting. Se portó muy bien con sus pinturas y sus aspitos (mientras yo daba cuenta de un par de buenos GTs), aprendió a decir ¡PO-TIN! y ya reconoce perfectamente el escudo, el himno y los colores de nuestro equipo. Como padre, no puedo estar más orgulloso de él. La baba la puedo recoger en cubos de fregar.
  • Por último, hemos podido ir al Menudo Fest a ver tocar en directo a Pantones y The Imperial Surfers (aquí sí pudo venir mamanatas y también los amigos desaforados). Desde el minuto 1 intentando subirse al escenario y yo sujetándolo hasta que los propios músicos invitaron a los niños a subir. Él fue el primero en romper el hielo y ahí se puso entre la cantante y el guitarra, delante de la batería. Luego agarró baquetas y todo, y a tocar como uno más. ¡Este niño nos retira!

La verdad es que, aunque es muy cansado encargarse durante todo el día del guaje una sola persona, hemos demostrado que los papás podemos ser completamente autosuficientes con los peques. No todo ha sido perfecto pero como la transparencia ha de ser total, me desnudo aquí delante de todos y voy a contar lo que no he confesado ni a mamanatas durante estos días (antes de publicar me pondré la bufanda anticollejas):

  • En dos ocasiones, estando fuera de casa 6 y 8 horas respectivamente, no hubo cambio de pañal. Los motivos son claros: no olía a caca, no estaba mojado y estábamos muy entretenidos como para acordarnos de eso. Bueno, para ser sinceros, en una de ellas (la de 8 horas) sí hubo cambio de pañal. Ahí sí que lo noté porque estaba mojado… :S
  • La vez que fuimos a ver el fútbol… joder, cómo digo esto… ¡me salté la merienda! ¡fui un padre terrible! Por eso el pobre devoró dos paquetes de aspitos y quería lanzarse a los kikos como si no hubiera un mañana. No me di cuenta hasta que no llegué a casa y al guardar la neverita vi que había un potito sin empezar. Lo guardé en el armario y me callé como un zorro. Luego, la cena no la vio delante. Mientras estáis leyendo esto, posiblemente aún me duelan las heridas que seguramente me haya ocasionado la ira de mamá.

mamanatas: Lo del pañal tiene un pase (más que nada porque a mí también me ha ocurrido, jejeje). Pero lo de la merienda: ¡esto no tiene nombre!. [Y luego piden custodia compartida: ¡hay que joderse!] :)

Esto es todo por ahora. Os dejo con un vídeo en el que se ve cómo nos lo pasamos en el Menudo Fest. ¡Sobre todo él!

¡Suerte con esos exámenes, mamanatas! ¡Solo quedan unos días!

Mamá, ¡quiero ser artista!

A veces me doy miedo cuando analizo los avances del guaje en plan simio-evolutivo: “anda, mira cómo va entendiendo su papel en la comunidad y, oye, mira cómo empieza a utilizar herramientas* para conseguir sus objetivos (malvados, claro)”.

*Ejemplo del uso de herramientas: es capaz de acercar algunos de sus juguetes a los muebles del salón para subirse a ellos y tener a mano la tele de plasma, el dvd, la cadena… y así botonear todo lo que pueda y más. Vamos, todo lo que nos pone nerviosos como consumidores en este mundo capitalista.Y encima el juguete-herramienta-escalera siempre es de lo más estable: el tren parlanchín, el volante sonoro, el teléfono con ruedas… Vamos, todo lo que nos pone nerviosos como padres protectores en este mundo malo.

Reflexión 1: todos estos pensamientos del aprendizaje ¿vendrán por leer tanta National Geographic? ¿o simplemente es que de vez en cuando se me va la pinza? (o las dos cosas, que todo puede ser).

Reflexión 2: a este paso ya me imagino al guaje en el Retiro sobre 4 cilindros y manejando 3 diábolos mientras cuenta chistes con acento argentino, ¡todo a la vez! ¡Y a mí se me caerá la baba cual pantoja con paquirrín!

Bueno, un poco nerviosa sí me pondría. ¡Algunos malabares son arriesgados!

Chist! one moment! Una cosa es que yo tenga cierto espíritu perroflauta (limpia, eso sí) y otra es que babee ante las actuaciones funambulistas callejeras del guaje… hombre, por favor, ¡los abuelos me matan!

paparracho: es verdad que eres bastante limpia :) y con un estilo no demasiado perrofláutico, pero el espíritu… si de mayor se te hace okupa seguro que hasta vas allí a hacerles las trenzas a él y a sus comprometidos amigos.

Lo de “bastante limpia” y la sonrisita me mató…

Con lo pequeño que es, además de estos pinitos funambulistas tiene otros aspectos artísticos a explotar para ganarse la vida, a saber:

  • de faquir: desde tratar de masticar las piedrecitas del parque, a chupar la suela de los zapatos, hasta comer la tierra de las plantas
  • de hombre invisible (y silencioso): si está haciendo alguna maldad de las suyas tendrá esta condición en modo ON
  • de mayumaná: se rodea de todos los cubos donde guardo sus juguetes, más sus platos hondos y llanos, y, como baquetas, tenedores, colador, lápices, alguna vez lo ha intentado con cuchillos pero afortunadamente estuve más rápida que él…

No es el hombre invisible, pero sí un maestro del camuflaje. Casi tanto como el guaje...

Por último, he detectado que tiene otras dos “capacidades” que le valdrán en el futuro si con las anteriores no consigue pelas para vivir:

  • de ladrón: no hay seguro infantil que se le resista (de ahí el intento de baqueta-cuchillo), ni esquinera que no sea capaz de quitar, incluso con la mirada (“Este niño nos retira”)
  • de pobre de pedir: si ve a alguien por la calle, que, por supuesto, no conoce de nada, con una barra de pan o un bollo o similares allá que va él: “pah pah pah”, que parece que lo tengo con más hambre que Carpanta.
paparracho: Si fueras tú la que cocinase, igual sí que pasaba hambre el pobre… ¡menos mal que tiene a su papá!

Es indudable que tiene madera para el espectáculo (ya me estoy pantojizando, ¿veis?). A cualquier sitio donde vayamos que esté alguien actuando y tenga boquiabiertos a los niños, a él en lugar de estupefacción le vienen ganas de sumarse a la fiesta. Este fin de semana, sin ir más lejos, fuimos con los amigos desaforados a un concierto acústico para niños de Ally Kerr y The Starlets en Malasaña (geniales los conciertos que organiza Glück) y tras dos minutos de desorientación mientras aquello empezaba, el guaje se puso de pie, le quitó un juego de baquetas al batería y no las soltó hasta el final del concierto el jodío. El cantante ya lo presentaba como “nuestro batería” y el verdadero batería terminó poniéndolo en su regazo y tocando con él. ¡Genio y figura!

Así que estoy temiendo el momento de la frase: mamá, ¡quiero ser artista! Y le miraré pensando en el método Stanislavski… you talkin’ to me? Well, I’m the only one here. Who the fuck do you think you’re talking to?… Y de mis ojos saldrá una lagrimilla de orgullo… o de terror. Su evolución ¿irá por el lado del Retiro o por el lado del Actor’s Studio?

paparracho en la guarder… perdón, en la Escuela Infantil

Hace una semana tuvimos la reunión general de padres de este trimestre en la escuela infantil (aunque les fastidie un poco, en adelante, la guardería, que hay que economizar el lenguaje). ¿He dicho reunión de padres? Sería mejor decir “reunión de padre“, porque la primera fue en la frente: La convocatoria decía que podía asistir un progenitor por niño y que los niños debían estar ausentes.

Lo de que los niños no estuvieran puede entenderse, no solo porque estén en una edad en la que sean difíciles de controlar sino también porque ahora lo pillan todo y claro, si nos van a decir cosas que hacen mal y cómo corregirlas… si están al tanto podrían sabotear nuestros planes. La guardería nos ofrecía una ayuda: un servicio de guardería (valga la redundancia) durante el tiempo que durase la reunión por un módico precio de 3 euros. Y digo yo, teniendo en cuenta lo que pagamos al mes, ¿no podían haberlo hecho gratis? Estamos muy contentos con nuestra guardería pública, pero desde luego, de relaciones con el usuario andan justitos.

mamanatas: Teníamos que haber usado el servicio y pagar los 3 euros con moneditas de un céntimo… ¡pa’ cutres, nosotros!

Lo de que solo pudiera asistir un padre nos pareció lamentable. Es una decisión que va en contra de lo que se pretende, que es que ambos progenitores se involucren en la educación del niño, pero es que además, es una medida discriminatoria contra los padres. Contra los padres varones, quiero precisar.

Y me diréis: NO. EN NINGÚN SITIO SE DICE QUE SEA EL PADRE EL QUE NO PUEDA IR. Ya, sí , claro. No todas las madres son santas como mamanatas, que me ofreció turnarnos ya que ella había ido a la anterior (yo no pude). Muchas otras dirán: “mejor que vaya yo, que luego nunca te acuerdas de las cosas” o “paso más tiempo con el niño normalmente así que aprovecha tú a estar con él mientras yo voy a esto” o “cómo te pierdas algo, te vas a enterar”. La prueba es que había el doble de madres que de padres en la reunión, así que me reafirmo: ¡discriminación indirecta!

mamanatas: [Dejémoslo. Está meando fuera del tiesto pero él sigue empeñado en ver discriminación contra los padres con p de padre... Habrá discriminación en la sociedad en general y por eso había mayoría de féminas pero respecto a la guarde, en este caso, no la veo...]

Mamanatas ejerciendo corporativismo femenino; no esperaba menos. Yo, por mi parte y para evitar reclamaciones, allí me fui presto y dispuesto con un bloc de notas para dejar constancia de todo. Mamanatas se reía de mí en plan “padre novato” pero no fui el único. Había otro santo varón tomando notas, quizás con los mismos temores que yo. Las madres, mucho más “listas”, ¡todas de memoria, oigan! (habrá que ver de lo que se acuerdan después, jejeje).

mamanatas: Bloc de notas: eufemismo de libretita de Mickey Mouse. Sin que yo se lo pidiera ni le exigiera nada. Yo no daba crédito…

En lo que sí fuimos todos iguales fue en lo de sentarse en las sillitas de los niños. Uno de los mayores ridículos de mi vida, casi tan grande como el dolor de rodillas que tenía al final de la reunión, el temor de que se rompiera por no poder aguantar mi peso y lo lamentable de mi agilidad para volver a ponerme de pie.

Sienta 85 kilos de treintañero avanzado y oxidado en una de estas sillas, y vive para contarlo

Básicamente, en la reunión comentaron esto:

  • Ha habido mucho avance en las rutinas este trimestre: participan mucho en la asamblea (lo que daría yo por estar presente en una, me los imagino ahí sentaditos en plan 15M), aguantan un montón sentados escuchando a otros (¿asamblearios de 20 meses?), delegan en un niño para que coloque las fotos de los que están y los que no están (!!!!), están comenzando a usar el orinal y ellos se encargan de coger su pañal limpio antes del cambio, tirar el sucio después, quitarse y colocar los zapatos así como recoger los juguetes después de usarlos. Definitivamente, el guaje nos está tomando el pelo en casa.
  • Han insistido en la importancia de fijar límites y normas. Nosotros consideramos que intentamos tener unas normas y una disciplina en casa, pero nos entregaron un manual de consejos que me río yo de supernanny. Definitivamente, como conductistas somos unos principiantes!
  • Ya saben hacer el trenecito. Parece ser que es salir y entrar en clase cogidinos de la mano. Qué ricos…  :)

Esto es una asamblea de guardería. Son el futuro!

También nos explicaron que tenían Proyectos: aquí sí que aluciné. Tienen varios, algunos de todo el año, otros trimestrales y otros puntuales. En el que estaban en estos momentos era “el color rojo”. Nos explicaron que durante el primer trimestre habían abordado los colores de una manera general y ahora iban a ir profundizando uno a uno. Cosas de pegagogos, supongo. Eso sí, según oía cosas como tocar, pintarrajear, enguarrarse de formas inimaginables… más ganas me daban de ir a la guarde, ya fuera como educador si valiera para ello o como alumno. Lo tienen que pasar teta.

Lo último en lo que entraron fue en las normas del centro. Aquí había llegado la directora de la guardería, lo que me causó gran entusiasmo porque así podría quejarme por su norma discriminatoria de padres y alguna otra cosilla que le tengo guardada; lo hice con gran éxito de crítica y público, algún murmullo aprobador y ganas de aplaudir contenidas.

Se notaba. Y es que esta chica es muy educada y tiene una sonrisa muy dulce e infantil, pero reconozco a una bruja a varios metros de distancia. A esta le asoma la escoba por debajo de su disfraz de directora… tal es así que podías notar cómo las increibles educadoras que nos estaban dando la charla (no deja de sorprenderme la entrega, profesionalidad y capacidad de estas chicas, recién tituladas todas ellas y seguramente muy mal pagadas) cambiaron su naturalidad y buen hacer por una sonrisa congelada y un ligero tartamudeo: ¡la temen!

mamanatas: Ah, pero ¿sabes qué es una escoba? En otra entrada te presento a su compi la fregona y su amigo el estropajo. Que ya me está entrando complejo de cenicienta (sin príncipe), majete.

La directora sonríe más que la bruja del este, pero las educadoras al verla sí se parecen bastante a Dorothy

Decía yo que reconocía a las brujas a metros de distancia, pero como se puede ver, alguna vez fallo. BICHO!

Sigamos: recalcaron mucho la importancia de cumplir los horarios, pero claro, esto no es fácil cuando la M30 forma parte de tus rutinas diarias. Era tan importante el tema de los horarios que la directora dijo que, CADA DÍA, ella juntaba a todas las educadoras para asegurarse que tenían sus relojes perfectamente sincronizados (literal). No pude contenerme, puse mi mirada más inocente para preguntar cuál era la hora que llevaban en sus relojes, porque de poco serviría que ellos estuviesen sincronizados si los padres íbamos por nuestra cuenta. Carcajadas generales, que ella se vio obligada a imitar (touché!). Por supuesto, nos dijo que eran las 16:47 en aquel momento.

Sincronizados nuestros relojes, la duda era ¿cuál es el margen horario para dejar al niño? Imposible antes de las 8:30 pero tampoco mucho más tarde porque no le daría tiempo a desayunar. Nos dijeron que no había problema hasta las 8:40… ¡¡¡¡JAJAJAJA!!!! Eso lo he grabado a fuego en mis notas. La próxima vez que llegue allí a las 8:35 y me digan irónica y cantarinamente cosas como “buenas tardes, guaje…”, les sacaré mis papeles y les diré que hablen con la bruja del este. Y no se quedará así la cosa, les meteré un post que se van a cagar!

Lo peor fue el turno de preguntas. Yo esperaba padres ingeniosos y preocupados por cómo contribuir a la educación del niño, cómo sincronizar esfuerzos con la guardería, pero lo poco que se aportó allí fue para quejarse de lo mucho que nos hacían trabajar a los padres. Hubo uno, muy majete pero un desastre evidente, que dijo: “yo sé que tengo la silueta pendiente, pero eso ¿puede suponer un trauma al niño?”. OJO AL DATO, la silueta nos la pidieron en octubre: nos dieron una silueta del niño y había que ponerle una foto o dibujo en la cara y pintarle una ropa. Tiempo total para que el resultado no dé mucha vergüenza, media hora. Pero vamos a ver, alma de dios, si te están contando que cuando entran en clase se señalan a sí mismos y a sus compañeros en las siluetas, ¿cómo crees que se sentirá tu niño viendo que todos tienen una menos él? Lamentable nivel.

mamanatas: Bueno, lo de media hora mejor que no lo menciones tú que solo dabas opinión, negativa, por cierto; la de las tijeras, pegamento, cartulinas y chapus que consigo hacer con todo eso soy yo: bricocenicienta.

Sí, es verdad que lo hizo mamanatas, pero lo de bricocenicienta hay que ponerlo entre comillas. Que nadie se piense que es un talento natural como @babybaballa o @ladymajan… tiene la misma habilidad que Carmen Sevilla manejando un iPhone.

En fin, que lo de los padres ocupadísimos era lo único que sonaba por allí. Vuelta la burra al trigo con que el trabajo nos tiene absorbidos y que se hace cuesta arriba ayudar en los proyectos… al final llegué a entender por qué insisten tanto en lo de Escuela Infantil los educadores. Lo de guardería muchos no lo dicen por economía del lenguaje sino porque conciben la escuela como un lugar para aparcar al niño.

Nada más lejos de nuestra opinión: estamos encantadísimos con los avances de conocimiento y socialización que el guaje está teniendo en la guardería. Teníamos nuestras dudas, inicialmente, sobre si era importante o no que el niño fuera a la escuela antes de los dos años y ahora todas se han disipado. No sé cómo será vuestra experiencia, pero nosotros solo podemos decir: ¡larga vida a las escuelas infantiles!

Baby Bowie

Hace unos días fuimos muy rápidos y conseguimos nuestro primer regalín promocional de la madresfera. Se trataba de entrar a la página de Minimí Petits Bàsics, elegir una prenda de ropa y mandar un correo a madresfera solicitándolo. Así de sencillo.

En la tienda online tenían ropa “con mensaje”, la mayoría, camisetas haciendo referencia a algún grupo de música o cantante. Muchos de ellos, clásicos (gracias a dios!). El propio paparracho tiene varias camisetas de este tipo, así que no dudamos que encontraríamos algo..

Fuimos tan rápidos porque en la primera página que se visualiza al entrar estaba la camiseta que elegimos. Cómo resistirnos a ese “Baby Bowie” con el rayo del Aladdin Sane. El Duque Blanco, el camaleónico Bowie al que adoramos… ¿para qué seguir buscando? Enviamos el correo a madresfera, nos dijeron que éramos unos de los premiados y en menos de 3 días la camiseta llegó a casa.

Igualito a su papá

Desde esta entrada, agradecemos a madresfera y Minimí Petits Bàsics por el regalo y le pedimos prestada al Duque una canción de aquel álbum que inspiró esta camiseta.

The Jean Genie (Aladdin Sane). David Bowie en los coletazos finales de su época Glam.

De la genética y otros demonios

Empezaré diciendo que el guaje a la madre que lo parió, que es la que suscribe, no se parece físicamente ni de casualidad ni de rebote ni de coña. Y al padre… hombre, por descarte, se podría decir que se parece más a él. Pero vamos, nada evidente.

paparracho: vamos, anda! el guaje es igual que yo!! Bueno, algunos dicen que igual que mi padre, pero si también decían que yo era igual que mi padre… ¿no era así lo del silogismo categórico?

En fin, por decirlo claramente, se parecen más estas dos criaturas que el guaje a cualquiera de nosotros.

La verdad es que empiezo a preguntarme con quién se habrá liado paparracho para que el guaje saliera con los ojos de color marrón oscuro: los dos los tenemos más bien claritos (paparracho verde-gris-raruno y mamanatas marrón-miel-da) y el pelo del guaje ha salido agraciado, vamos, de los despeinados, que ni liso ni rizado, una cosa así como si se acabara de levantar de la cama todo el rato. Y yo de pequeña tenía el pelo superliso y lacio y paparracho me consta que también e incluso más que yo. De hecho, fíjate si lo tendría lacio que él mismo con sus 8 añitos cuando iba a hacer la comunión le pidió a su madre que le cardase el pelo (no commments) para que no le quedara tan recto y tan sin gracia, y al final le quedó un look muy en plan Bertín Osborne, que yo creo que era lo que se llevaba en aquella época… en los adultos, no en niños de 8 años comunionistas… Sí, sí, mucha foto de christmas, que le hacía ilusión ponerla aquí, pero a que no hay huevos a poner la de la comunión?? (Me la estoy jugando mucho, me la estoy jugando y me da que esta noche duermo en el sofá…).

paparracho: perdona, no era un cardado… solo se trataba de darme un poco de volumen! En cualquier caso, soy un hombre valiente y recojo el guante:  prometo post comunional con testimonio gráfico incluido. Soy como McFly… a mí no me llama nadie gallina!

En otras cuestiones físicas, por ejemplo, jugando con la pelota, a pesar de sus casi 20 meses parece que tiene bastante estilo dándole con los pies. En este sentido, se parece a paparracho un huevo, quiero decir, como un huevo a una castaña. Se maneja mejor el guaje con esos casi 20 meses que el padre con sus treintaytantos. Hasta Darwin le manda mensajes a paparracho desde el más allá: cada vez que juega un partido de fútbol se lesiona… ¡deja de hacerlo!: selección natural.

paparracho: Ay, qué atrevida es la ignorancia… yo lo que tengo es un estilo poco ortodoxo pero eficaz. Digamos que soy como Julio Salinas, uno de los más grandes de los últimos 30 años (sé que me la juego con un comentario futbolero en una madresfera repleta de mujeres, pero nobleza obliga!)  :P

Es más, cada vez que hace el mínimo deporte y con “mínimo deporte” me refiero literalmente a echar una carrerita hasta la parada del autobús cuando ves que lo vas a perder, ¡¡siempre le pasa algo!! o le da un tirón o le cruje la rodilla o se hace un esguince. Vamos, que comparto mi vida con una de las chicas de oro. (Ya voy sacando mantas y sábanas para el sofá…).

Que no lo oculten más: ¡tienen que ser hermanos!

En el plano social sin duda se parece mucho más a paparracho. Por ahora es bastante abierto y sociable, tiene pinta de que le va a gustar la fiesta (dios nos ampare). A las educadoras de la escuela las tiene locas con esa cara que pone de soy un pillín pero te lanzo mi amplia sonrisota y te dejo K.O. En esto es el padre el que le gustaría parecerse al niño pero no… no le llega ni a la suela… y además, señor paparracho, perdone pero podría ser el abuelo de esas nenas… (y ojito con su respuesta que a este paso es usted el que se va al sofá).

paparracho: Y dale con eso. Cuidadín, que me acerco a la edad de ser un madurito interesante… es que no valoras lo que tienes!

En el plano psicológico podemos comentar que el guaje se parece a mí (coño, por fin en algo) en la mala hostia (hay que joderse pero es así). Yo por las buenas genial, y suelo tener paciencia, por lo menos bastante más que paparracho. Pero por las malas, de repente hay algo dentro de mí que hace clic y me sale la Mrs. Hyde que llevo dentro que solo falta que la cabeza me empiece a dar vueltas y me ponga a hablar al revés. Sí, reconozco que a veces me doy miedo a mí misma… puede tratarse de unos segundos, pero en ese microtiempo me salgo de mí hasta llegar a ponerme chula con un tío que me saca 2 cabezas, o con unos kaleborrokas en una sidería vasca… así soy yo! y así parece que se las gasta el guaje! Bueno, se le junta mi mala leche y la poca paciencia de paparracho: una pequeña bombita que explota a la mínima, y no me refiero a los gases… ejem ejem.

Lo cierto es que releyendo lo anterior parece que el guaje solo está cogiendo lo malo de cada uno; espero que a medida que va creciendo se le vaya pegando lo bueno… a ver si lo que pasa es que no tenemos bueno?? uff, tendremos que hacérnoslo mirar ya!! ¡Todo sea por un hijo!

Y menos mal que no tuve antojos durante el embarazo, que luego se ven cosas muy raras...

Ateo, pero muy navideño

Esta entrada no va a ser como las anteriores… no contaré anécdotas lamentables en cenas ni cosas supuestamente divertidas. Escribo porque nado perdido en un mar de dudas y quizás entre los que se pasen por este casi neonato blog podrán darme alguna sugerencia.

La historia comienza así: nací en 1975 en una familia no prácticante pero católica. Ya me entendéis: no pisaban la iglesia más que en bodas, bautizos y comuniones, pero tampoco puedo decir que no fueran creyentes. Había que remontarse una generación atrás para encontrar un ateo en mi abuelo Nicolás, aunque teniendo en cuenta lo que le tocó vivir tras 1939, no era algo de lo que hiciera precisamente ostentación.

mamanatas: No es por ser aguafiestas… aparte de la BBC te ha faltado mencionar los funerales… ya sabes, “no somos nadie” y todas esas cosas.

En aquella época, no bautizarse era una auténtica rareza, por lo que siendo un tierno bebé fui bautizado y luego seguí el camino más trillado; catecismo a los 7 y primera comunión a los 8. Aquello debió de impactarme mucho porque tengo un recuerdo vívido de pensar en la camita que si me moría me gustaría que me enterrasen en Jerusalén junto a Jesús. Así era mi ego por aquella época. ¡Angelito!

mamanatas: Esto de hacer un blog bicéfalo me hace descubrir cosas nuevas sobre ti, yo que siempre digo que te conozco como si te hubiera parido…

Por si las moscas (ya sabe usted que yo soy la agnóstica de nuestra familia) le daré un consejo, Woody Allen mediante: “No creo en una vida más allá pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior”. Así que ya lo sabes, y no vale con darle la vuelta y lo marrón pa’trás!

Luego comencé a ir a un campamento de verano con una parroquia. Las únicas actividades católicas en los 15 días de verano consistían en dos misas de domingo de 30-40 minutos en las que cantábamos y representábamos algún pasaje bíblico. Estuve yendo allí desde los 8 hasta los 22 como acampado y monitor. Pasé muchos de los mejores veranos de mi vida e hice grandes amigos. Amigos con los que, para mantener el contacto durante el año, iba a post-comunión, preparación a la confirmación y confirmación. Incluso llegué a ser catequista 3 ó 4 años.

mamanatas: Qué me vas a contar a mí: colegio de monjas, comunión, campamentos de las Juventudes Marianas Vicencianas… y lo bien qué me lo pasaba (a pesar de que el mío sí que era más religioso). De todas formas nada de confirmación y de catequista duré dos telediarios porque ya veía yo que yo no… Abandoné antes que tú.

Reconozco con cierta vergüenza que en aquellos momentos de catequista y confirmación, ya era bastante escéptico con el asunto religioso, por lo que podría decir que esta fue una de las escasas ocasiones en que el pragmatismo pesó más que la coherencia en mi vida. Con el paso de los años, el escepticismo se volvió agnosticismo y, éste, en ateísmo. Finalmente, decidí apostatar (cosa milagrosamente posible en el arzobispado asturiano al menos hasta hace unos años) y ahora puedo decir que nada me une a la religión católica de manera formal.

mamanatas: El milenarismo va a llegaaarl!! (con tanto “ismo” no he podido evitarlo). Jajajaj, me parto yo sola!

¿Nada me une al catolicismo? No en creencias, pero las tradiciones católicas están fuertemente enraizadas en la sociedad y, francamente, la navidad me apasiona. En mi familia siempre hemos sido muy navideños. Es un drama si no conseguimos juntarnos en navidad, nos enviamos postales, nos encantan las luces, los villancicos y, sobre todo, somos fans enfermos de los reyes magos. Yo me enteré de la historia con 6 años, yendo a 1º de EGB, cuando me lo dijo un compañero de colegio un año mayor. ¡Qué puñalada en el corazón! Recuerdo con odio la cara de ese niño todavía, lo juro. Mi madre siempre me cuenta que llegué a casa y les dije:

- Mamá, papá, os voy a preguntar una cosa, pero no quiero que me mintáis. Por favor, decidme la verdad: ¿los reyes sois vosotros?

Mi madre encontró mi planteamiento tan maduro que hizo de tripas corazón y, al borde de la lágrima, confesó. Estaban tristes porque pensaban que era muy pequeño para perder la ilusión, pero no fue así. Mi hermana acababa de nacer y yo sentí la necesidad de colaborar con ello, así que empecé a ayudar a mis papis con la peque, seguí yendo a cabalgatas, empecé a poner yo reyes no monetarios y empezó una espiral que nos lleva a donde estamos ahora.

Los días previos a Reyes nos pinchamos unos a otros con el “qué te traerán los reyes?”, “te habrás portado bien?”, etc. Vamos a la cabalgata el 5 y la noche de reyes estamos todos en casa y nos peleamos por ver quién es el último que lleva sus regalos al salón. Solo el primero lo hace con luz; el resto, entramos a oscuras para no ver nada de lo que podemos tener nosotros. Nos vamos a la cama nerviosos y, cuando despierta el primero, va despertando a los demás para ver qué ha pasado durante la noche. A veces, ha sido a las 6 de la mañana!!! Imaginaos, dos apóstatas como mi hermana y yo viviendo esto como si tuviéramos 4 años.

mamanatas: Sí, y aunque yo vengo de una familia a la que también le gusta la navidad, me ha superado el tema y ya estoy abducida del todo por paparracho’s family.

Pues así de kafkianas son nuestras navidades y así de intensas e ilusionantes me gustaría que fueran para el guaje, tanto en su infancia como durante el resto de su vida. Sin embargo, las cosas son muy distintas para él y para mí. Los conceptos religiosos estaban presentes en mi infancia de una manera clara aún no siendo practicante mi familia, pero nosotros no tenemos ninguna intención de formar religiosamente al niño. ¿Cómo explicarle  quiénes son los reyes magos? ¿Y Jesús o la Virgen María? ¿Por qué se llama “portal de belén”? La iconografía está presente en la cabalgata, en la iluminación navideña… en todas partes. Tengo miedo de que si quito lo sobrenatural de esta historia pierda parte del interés que despierta lo mágico en los niños. El año pasado solo tenía 8 meses y este aún será pequeño para plantear dudas, pero este momento llegará y no sé muy bien cómo afrontarlo.

A ver si hay suerte y alguien nos da un buen consejín para aprender a convivir con nuestra incoherencia navideña. Mientras tanto, aprovecho para desearos que paséis unos días estupendos con vuestra familia y amigos, lo mejor para el 2012 y que os traigan mucho los reyes! Os dejo con una foto familiar para felicitar estas fiestas. Yo quería ponerla en el blog y mamanatas no me dejaba, así que he optado por una solución intermedia!

¡Feliz navidad a todos!
mamanatas:  Dios! (si se me permite), se puede dar la apariencia de ser más frikis que nosotros?! (de verdad, que luego  somos bastante normales, joer)

Próximo post

Ante la “avalancha” de comentarios, retuiteos, compartimientos de facebook, unomases de google+, tengo que decir y digo: pa qué cojones me habré yo metido en este berenjenal!

Yo que, según paparracho, tengo menos gracia que un guiri bailando por soleares, yo que tengo al guaje en plan toddler (ahí es ná) con fase de mamitis aguda para más inri, yo que llego a acumular más de 400 readers no leídos sin ponerme colorada, yo que a veces tengo que estudiar después de acostar a la fiera (me refiero al niño)… y ahora: ¡este lío mayúsculo! ¿¿de qué escribo en el próximo post??

paparracho: bueno, lo de mamitis aguda es discutible… es que a mí me han tocado últimamente unos días difíciles de curro entre reuniones y karaokes y, claro, el guaje se aferró a lo que pudo…

Sí, a una que pasaba por allí, no te digo!

Pues ahora verás… La culpa de esta mi tensión de quién proviene? De paparracho, que se le ha antojado poner el blog en marcha mucho antes de lo que contábamos. Porque, vamos a ver, pa qué se va a esperar él por lo menos a que pase mi época de exámenes. Nooo, a él le gusta verme haciendo malabares en plan superwoman… Oye cari, que si lo que te pone es la capita, las mallas ajustadas y el antifaz, yo me lo pongo! pero churri, me lo pongo, te bailo si hace falta y utilizo mis superpoderes contigo estando medianamente descansada pero con este estrés de vida no, eh? Que según me echo en la cama soy oreja a la plancha…

paparracho: iba bien la cosa cuando hablabas de disfraces, ropa ajustada y baile, pero lo de oreja a la plancha me trajo a la memoria una canción de los petersellers y ¡se acabó la magia!

Y lo más gracioso del tema es que realmente no me ve como a una superwoman, ya que se permite el lujo de hacer comentarios del tipo: “cómo te envidio pasando todas las tardes con el guaje… lo vas a buscar a la guarde (perdón, escuela infantil, chica, que les sienta de mal a las educadoras), yendo al parque, jugando con él… cómo te envidio…”.
¡Ja! Y un cojón de pato! Vamos hombre, le desborrrda la paciencia a nada que el guaje se revira un poco. Le desborrrda tanto que se terminan enfadando entre ellos y ahí me ves a mí haciendo de Alianza de las Civilizaciones.

¡Y encima soy tonta, que quiero tener otro hijo! La hormona del amor, la oxitocina… esa es la que lo lía todo! Que te hace olvidar las contracciones, los puntejos de los collons (bueno, de lo contrario), la triple tripa (versión trabalenguas), las archiconocidas grietas del pezón, … aaay, el pezón!

uff, ese pezón...

No me quiero ni acordar de aquellos momentos tan entrañables con mis tetas secando al aire a través de los ventanucos del sujetador de lactancia, y mi suegro paseando por el salón… mi suegro, y resto de clan familiar, of course, pero es que lo del suegro me marcó; yo que he hecho topless 2 ó 3 veces en la vida y todavía no sé por qué, y termino de lactadora sadomaso. Qué situación más pornograficosa! Ya me imagino el título de la peli: Mamatrix, Duro de mamar, Tetanic, Entre mingas y domingas, El cartero siempre mama dos veces…

paparracho: ves? así, sí. Vas recuperando el tono! Hay otros títulos del género muy buenos, como “Hard Cipotter”, “La manolilla del capitán Corelli”, “Bailando con zorras” o “Eduardo Manospajeras”. Todas ellas reales como la vida misma; de hecho, iba a poner aquí la carátula de esta última para que se viera además el daño que hacen las traducciones al castellano de los títulos, pero mamanatas (que es mú vergonzosa) no me ha dejado.

[No es por vergüenza, es por elegancia]

En fin, que vaya par de dos que rodean mi vida… joé, qué mal suena eso del par de dos después del inciso mamario. A ver, que me refiero a paparracho y al guaje, eh? ¡Qué guerra me dan mis dos hombrecitos! pero ¡cómo los quiero!

Y después de estas reflexiones mi pregunta sigue siendo: ¿¿de qué escribo en el próximo post??

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