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¡Los guapos también tenemos derechos!

Vale, los que me conocéis personalmente opinaréis, con razón, que estoy tensando mucho la cuerda para hablar en primera persona del plural, pero aunque me haya venido a menos notablemente (ya sabéis que de vez en cuando me sale la papada, vamos, que prácticamente forma parte indisoluble de mi ser), no puedo evitar solidarizarme con ellos. Sobre todo, porque el guaje lleva el camino de convertirse en un engatusador empedernido de damiselas y he de ponerme en su lugar, ¡cuidando por su futuro en igualdad de condiciones!

Esta entrada surge por unas declaraciones para Vanity Fair que hace unas semanas hizo la periodista prejubilada Rosa María Calaf. Uno de los rostros más reconocibles de Televisión Española ya que se encargó de distintas corresponsalías en el extranjero durante décadas. Como no soy del gremio no tengo grandes argumentos para opinar de sus cualidades como periodista, pero su trayectoria ha sido reconocida en múltiples ocasiones desde diversos frentes, lo que la avala como una gran profesional. En cualquier caso, me he visto obligado a opinar de sus palabras en la entrevista que realizó para la mencionada publicación, de la que entrecomillo algunas frases literales:

El periodismo actual está al servicio exclusivo del negocio que se ha llevado por delante la ética y su valor como servicio público“. Oye, Rosa, chapeau, ya era hora de que alguien dijera verdades como esta.

El periodismo actual es absolutamente mercenario, sectario, al servicio de unos intereses económicos que serán todo lo legales que queramos, pero que son muy poco legítimos“. No puedo estar más de acuerdo, Rosa, qué me vas a contar…

Yo el periodismo lo veo cada vez peor, alineado al pensamiento único, y creo que realmente no se está pensando en el interés público“. Yo también lo veo así, hija mía… ¡qué época nos ha tocado vivir!

Sara Carbonero frivoliza la imagen de la mujer y contribuye a que la apariencia sea más importante que el contenido“. “Ella no tendrá esa intención, seguramente, y yo no tengo nada en contra de ella, pero creo que para eso es mejor dedicarse al espectáculo, o a hacer mamarrachadas en la tele, que a la información“.   ¿CÓMORRRRLLL? (permítaseme el chiquitistanismo, que soy #muyfan). Esto me ha llegado al alma, sobre todo porque esta opinión sobre Sara Carbonero ha sido el titular que han recogido todos y cada uno de los medios de comunicación y porque he visto a unas cuantas tuiteras hacerse eco reverencial de las palabras de Rosa María Calaf.

La Carbonero contra la Calaf. Duelo de gatas. Bueno, duelo no porque hasta donde sé, Sara no ha repondido a la provocación. ¡Minipunto para la chica Pantene!

Y yo me pregunto, ¿es tan mala Sara Carbonero? ¿Si no fuera guapa se hubieran hecho las mismas declaraciones? Me adelanto a algunos argumentos que contraatacarán con el “si no fuera guapa, ¿hubiera conseguido el trabajo?“: Pues probablemente no, tampoco vamos a cerrar los ojos a una realidad, pero si fuerais los dueños de una cadena de televisión y recibierais muchos candidatos para un puesto a cubrir, dentro de los que cumplan con unos mínimos exigibles, ¿no os quedaríais con los más guapos?

Y tiene cojones que hable Doña Rosa María de la frivolidad de la imagen y de cómo se da importancia al continente cuando ella misma ha dicho que fue la primera mujer en salir en minifalda por televisión (como acto reivindicativo, aclara) y cuando su rasgo más distintivo es el mechón plateado que la señora luce y que no es natural, como tampoco lo es su color de pelo tirando a fucsia (ya cometo un exceso mencionando un color que a los hombres nos cuesta distinguir; por favor, no me apaleen si el tono es otro). ¡Ese mechón es una idea que el pobre Llongueras pensó para ella y que la ha hecho reconocible a lo largo de la historia!

Este debate lo he tenido con mamanatas en varias ocasiones y se pone en posición cerril femenina como la mayoría de las que escucho por ahí, que si está ahí por guapa, que si es una vergüenza… ¡¡¡pero si cae de cajón!!! La televisión es un medio de comunicación audioVISUAL cuyos programas tienen el extraño objetivo de ser vistos por la mayor cantidad de gente posible. Vamos a ver, mujeres ofendidas del mundo, ¿no preferiríais que el presentador de Saber y Ganar fuera George Clooney en lugar del inmortal Jordi Hurtado?

Jordi Hurtado, el entrañable Dorian Gray cañí y un admirable profesional, pero... si en el casting hubieran optado por Mr. Clooney, ¿no sería este país más culto, al menos las mujeres?

Yo me solidarizo con Sara Carbonero porque la vida del guapo es muy complicada. Es verdad que normalmente se tienen los caminos más allanados. Ser guapo te abre más fácilmente algunas puertas, pero se tienen que pasar la vida justificando que no están ahí solo por guapos, que están tan cualificados como otros. Menuda cruz que arrastran los pobres. Vean, ¡vean cómo sufre de las envidias ajenas este pobre y humilde deportista!

Así que, por favor, den una oportunidad a los guapos… está muy feo criticar a alguien al que, en tus años de locura y desenfreno te hubieras querido tirar, ¡seamos serios! Además, lo de la belleza de la Carbonero es hasta cuestionable (conozco un montón de congéneres míos a los que le resulta demasiado exótica, raruna, y yo también lo veo así). Pero lo que es indiscutible es que ha generado uno de los momentos más sorprendentes y emotivos de la historia de la televisión española, qué digo española… ¡MUNDIAL! Campeones del mundo de fútbol por primera vez en la historia y al día siguiente no se hablaba más que de este instante tan potito.

Por diossss, cómo no va a encontrar trabajo esta mujer que emocionó a media España. ¡Contrato vitalicio ya!

Lo siento, Rosa María, pero en tus palabras no puedo encontrar otra cosa que resentimiento y Sara Carbonero no es la culpable de que RTVE te prejubilara después de 37 años de profesión y que ahora estés de tertuliana en un programilla de variedades en un canal de TDT minoritario en el que se reza el Angelus cada día y en el que compartes charlas con compañeras como Lara Dibildos, que no está ahí por guapa (desde luego), pero tampoco por periodista.

Hubieras ganado muchos puntos si además de criticar lo pésimamente mal que está el periodismo actual (lo cual hiciste brillantemente) hubieras lanzado tus afilados dardos a los verdaderos culpables de esa situación y no a una compañera que jamás te ha mencionado. Sintiéndolo mucho, la que ha hecho el mamarracho esta vez has sido tú.

Pd. Dicho esto, Sara Carbonero no terminó sus estudios de periodismo, así que me parece una vergüenza que esté trabajando donde está (con la cantidad de periodistas guapas que habrá por España ;) ) pero de eso tampoco tiene culpa la chica.

mamanatas: Ahora me toca a mí: 1) Lo que paparracho oculta utilizando una buena argumentación, es que él pretende que siempre cojan a los guapos para ese medio audioVISUAL que él menciona… y los feos pa’ la radio, ¡ole tus cojones!

2) No vale poner al Clooney, que es mi puntito flaco en esto de la guapura, ¡y paparrachomanipulador lo sabe!

3) Me daría miedo una tele solo de guapos tipo Brad Pitt, qué es esto, ¿”Un mundo feliz”?

4) A ti te duele la cara (de ser tan guapo) y a mí me duele la cabeza: ¡te jodes!

Comidas de navidad de empresa. Hoy: Caída y ascensión de Paparracho

 

Día de autos: 30 de noviembre (la navidad a la empresa llega cada vez antes)
Lugar del evento:
a) restaurante catalán en Madrid. Con dos cojones
b) karaoke próximo. Un infalible en las comidas de empresa.

Llegamos varios compañeros al restaurante con un hambre de justicia. No en vano, sabíamos que el menú reservado costaba 42 euros y, siendo uno de naturaleza rácana, la intención era amortizar la inversión. Craso error. El menú consistía en:

1) pincheo variado común que incluía un platito de calamares fritos escasos y por debajo del nivel “plaza mayor”, surtidito de embutido catalán (que mis amigos catalanes me perdonen pero la butifarra en fiambre me sabe a mortadela barata, el fuet con Tarradellas llegó a su máxima expresión y esa otra cosa que parece medio morcilla medio chorizo solo está preparado para paladares locales), caracoles gratinados con alioli (sí, caracoles, que se comen, amigos!!) y ese plato exótico “masiero” que son los calçots: una especie de cebolleta a medio criar con pinta de puerro que se churrusca al fuego sobre una teja hasta que queda negro y luego te comes en plan “garganta profunda” lo de dentro mojado en una salsa que es lo que realmente está bueno. Sincerémonos: lo mejor de los calçots es que te disfrazan con un babero de plástico que te llega a las rodillas y que nos deja a todos una pinta muy ridícula. Algo así:

Guiris comiendo calçots con unos baberos ridículamente pequeños. Deberíais haber visto el mío

2) Varios platos de carne o pescado a elegir. Yo opté por una muy digna carrillera ibérica. Nada que objetar

3) Un trozo pequeño de tarta de chocolate, nivel “caprabo”.

4) Café y copita de cava.

Todo ello, como habréis podido comprobar, muy “para todos los públicos”: ¿quién no ha disfrutado alguna vez de unos exquisitos caracoles o calçots? En resumen: Más hambre que el tamagotchi de un sordo y 44 pavos menos en la cartera (el IVA, compañeros!).

Allá por el postre llegó el momento de la caída. Soy experto en cagadas de este tipo, pero ayer me llevé la palma. La jefa suprema cumplía años justamente en la fecha que ella misma había elegido para la cena de navidad, y nosotros, que somos unos empleados majísimos, le habíamos comprado unos regalinos. Se los dimos y se desbordó la emoción. Yo no daba crédito, literalmente dijo, casi entre lágrimas: “Me encanta el boli y también estos cuadernillos. Moraditos, qué ricos. No me podíais haber regalado nada mejor”. ¿CÓMO? Y continuó: “Os quiero dar las gracias porque sois un equipo fenomenal [.....] y para mí hoy estar con vosotros celebrando esto y mi cumpleaños, que coincide con el de mi madre, es muy emocionante”. Hipos, suspiros y lágrimas incipientes. Los pelos como escarpias.

Tal era su satisfacción que decidió recorrer la mesa dándonos besos y algunas palabras directamente y cuando llegó a mí le dije: “¿Y el cumpleaños de tu madre es justamente el mismo día que el tuyo?” Contestó afirmativamente, sonreí diligentemente mientras comentaba la casualidad y rematé: “Por cierto, ¿y cómo está tu madre?” Me miró atónita y dijo: “paparracho, falleció hace un año”.

Vergogna!

Tierra trágame. ¡Lo peor es que lo sabía, había ido hasta al tanatorio y se me había olvidado! Uno de los momentos más embarazosos de mi vida. Tal debió ser mi cara empapada en sudor frío que casi tuvo ella que consolarme a mí… record de falta de inteligencia emocional masculina. Debí ser la única persona de los 40 que allí estábamos que no se dio cuenta de que la razón de la emoción no era el moradito de los cuadernillos!!!!

mamanatas: todavía recuerdo cuando en la feria del libro le soltaste a Carmen Alborch (que me estaba firmando el libro de “Malas”) que si estaba la mitad de bien que “Solas” te encantaría (por supuesto, el libro sin haberlo leído y tú pensando que era en el que se basaba la peli del mismo nombre, que nada que ver…). [No lo puedo sacar de casa]

Bueno, después de este momento de crueldad gratuita por parte de mi señora, prosigo: la cosa continuó en el karaoke, cuando por fin comenzaba a ser yo mismo (acabar un gintonic tras la copa de cava en 3:47 minutos ayudó un poquito). Los que me conocen saben que tengo una pésima voz pero una magnífica afinación y sentido del ritmo. Por no hablar de una excelsa actitud que hacen que me crezca en los karaokes. Fui remontando, fui remontando… y triunfé. Mi jefa abrazada a mí cantando el “solo pienso en ti”, “cartas amarillas”… una celebridad, vamos! Tal es así que unas chicas que acaban de incorporarse al departamento y con quienes no había hablado nunca me dieron un poco de conversación. Así me enteré de que las susodichas tenían 23 y 24 años. Llegamos a un punto de conversación donde me dijeron:

- ¿Tú eres interno o subcontratado (como nosotras)?
- No, yo soy interno. Llevo aquí ya 8 años- dije yo.
- ¿8 años? No puede ser, si yo pensaba que tenías 28 ó 29- dijo una
- ¿No?, pues andará por los 32 o así – terminó la otra.

Angelitas… Henchido como un pavo, les dije que estaba a 4 meses de los 37 y me sentí muy contento con su mentira piadosa, pero sobre todo, me sentí muy viejo pensando que cuando estas nacieron ya iba yo al instituto. Lamentable.

mamanatas: casi 37, joé, qué mayor y yo sin darme cuenta. Ya sé que dirás que es “momento celos” pero no! Ay, alma cándida… no ves que son subcontratadas… lo que hacen los gintonics (que, por cierto, tú siempre dijiste que eran de puretas) y dos zorritas angelitas jóvenes…

(Un encanto las chicas… esta mañana las tuve que invitar a un Nespresso, claro). En fin, que vi la hora que era y tanteé el percal llamando a mamanatas para decirle que iba un poco justo para llegar a acostar al guaje (mal padre). Su respuesta no sonó mal, así que me tomé un tercer gintonic y volví raudo a MI escenario con mi jefa.

Al final llegué a casa lo suficientemente pronto para acompañar a mamanatas en su cena y lo suficientemente tarde para no pillar al guaje despierto. Un par de horas más tarde, él se despertaría de una pequeña pesadilla y no querría mirarme ni a la cara. Ni chupete, ni agua, ni brazos, ni nada. Lloraba desolado y me daba manotazos. Entró su madre, y se calló al instante. Fue su terrible venganza.

Menos mal que esta mañana ya me había perdonado!!!!

mamanatas: ¡no como yo! “Su respuesta no sonó mal…” [Qué rabia me da que no pille mis indirectas...]

Si es que no habláis claro, joder! :P

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