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Volando voy, volando vengo

Este fin de semana hemos ido a una exhibición aérea con el guaje y nuestros amigos de desaforando o Lanoa Handmade, que tanto monta / monta tanto. No es muy habitual en nuestro blog que hablemos de planes para niños, pero es que las cosas buenas hay que compartirlas y esto, creednos, ¡es realmente bueno!

Lo peor que se puede decir de esta exhibición es que solo la hay en Madrid con lo que a muchos os resultará bastante complicado acercaros allí. Lo mejor, es que la hay diez veces al año (cada primer domingo de mes, a excepción de agosto y enero) y conjuga ser entretenido, apasionante, interesante, instructivo y hace las delicias para los niños de cualquier edad. Como para ir varias veces al año, ¡prometido!

Esta exhibición se realiza en el Aeródromo de Cuatro Vientos y la organiza la Fundación Infante de Orleans, fundada en 1989, cuyo objetivo principal es mantener una colección de aviones con una significación especial en la historia de la aeronáutica, fundamentalmente española, y ponerla a disposición de todas las personas interesadas en este campo a través de exhibiciones aéreas, estudios varios, divulgación, etc.

Para cumplir con estos objetivos, adquieren todo tipo de aviones con un interés histórico y se encargan de su restauración y mantenimiento de tal forma que estén en perfectas condiciones de uso, perpetuando de esta manera el lugar en la historia que se merecen.

¿Estamos hablando entonces de una exhibición aérea? Es un concepto que se quedaría muy corto. Como a la FIO le gusta decir, lo más correcto sería hablar de un museo de aviones históricos en vuelo.  Pero entremos en más detalle de cómo son las exhibiciones de la FIO:

El acceso más sencillo al Aeródromo de Cuatro Vientos se realiza desde la M40 en la salida que va al Barrio de la Fortuna, pero en sentido inverso. Está perfectamente indicado. Vamos a poner un pequeño mapa porque nos consta que mucha gente intenta acceder desde la A5, como si fueran al Museo de la Aviación y esto resulta algo más complicado si no conoces la zona.

Más fácil, imposible. Además, hay indicaciones desde la rotonda.

Las instalaciones se abren a las 11 de la mañana. Nosotros llegamos a las 12 y ya estaba bastante lleno aunque en general se está bastante cómodo en todo momento.

Al llegar allí, varios voluntarios de la Fundación te indicarán el lugar en el que has de aparcar tu coche (hay que ser obedientes, que es mucha la gente a organizar) en una explanada anexa al aeródromo y sin coste alguno. Después, compras las entradas por 6 euros (los niños menores de cuatro años, gratis) y accedes al recinto, encontrándote lo primero con una terraza con su chiringuito correspondiente, desde donde ves ya los aviones expuestos tras una valla. La primera impresión es que te encuentras en un lugar donde hay tres tipos de personas fundamentalmente:

  • Pijerío vario: Nosotros no manejamos mucho el ambiente, pero allí mismo está el Real Aeroclub de España y, aparentemente, se deben montar unos buenos saraos allí.
  • Frikismo aeronáutico: dicho con el mayor de los cariños. Personas con chupas de aviador, monos, gafas de piloto/policía con reflejo, parches conmemorativos por las cazadoras. Auténtica gente que disfruta al máximo de todo lo relacionado con la aviación
  • Turistas, fotógrafos (profesionales y aficionados) y resto de gente del populacho entre los que nos encontrábamos nosotros, obviamente.

Atravesada la zona del vermú (cuyas mesas no se vaciaron en ningún momento, ya que los aviones se pueden ver perfectamente desde allí), pasas a la de exhibición estática, atravesando antes unos cuantos tenderetes donde venden maquetas de aviones, miniaturas, recuerdos y material variado relacionado con la aviación y allí te encuentras con los aviones parados y dispuestos alrededor de una zona abierta al público. Puedes pasearte libremente por allí o seguir al guía que va explicando uno a uno las características técnicas de los aviones y, lo más interesante, el contexto histórico del modelo o incluso del avión concreto que tienen allí. Esto a los niños pequeños les puede resultar más aburrido, por lo que nosotros optamos por ir a nuestro aire.

¿Hay alguien ahí? Revisando que todo está bien, que los carga el diablo!

La Fundación tiene en estos momentos 38 aviones de 32 modelos diferentes, aunque su vocación es ir creciendo permanentemente. Creemos que los que exhiben cada domingo no son siempre los mismos y, de vez en cuando, tienen algún avión cedido por otro club u organismo similar. En este caso pudimos ver, entre otros:

  • Un avión soviético Antonov AN-2 (que no forma parte de la colección), bastante grande y que volaba a una velocidad sorprendentemente lenta. Sigue en uso hoy en día para temas agrícolas o turísticos.
  • Un biplano Boeing Stearman idéntico al que intentaba matar a Cary Grant en “Con la muerte en los talones
  • Un Miles Falcon Six que combatió en la Guerra Civil española, el único existente en la actualidad.
  • Un North American T-6 Texan de los años 30 absolutamente espectacular.
  • Un increíble Polikarpov I-16 ruso como algunos de los que combatieron con el bando Republicano, perfectamente restaurado y con su tricolor pintada en la cola. Como curiosidad, durante la guerra se conoció este modelo como “La Mosca“, pero no por su pequeño tamaño y su vuelo rápido y ágil, sino porque al ser fabricados en Moscú, venían con la inscripción MOCKBA (Moscú) en un costado y los españoles somos así de cachondos.

Sólo faltaba Cary Grant corriendo por allí para hacerlo aún mejor. Un avión precioso. Si pincháis en la foto, como en el resto, podéis verla en grandote  :)

A las 12 y media, se desaloja la zona de exhibición estática y comienza el arrancado de los aviones. El humo de los escapes y el ruido de esos motores te van preparando para lo que viene en breve. Los niños tienen que alucinar mucho con esto, sobre todo cuando se ponen en movimiento y se dirigen a la pista de despegue. En ese momento, se libera la zona donde estaban antes los aviones y se genera una enorme explanada completamente vallada (los niños están seguros en todo momento) y los visitantes pueden ponerse cómodamente a disfrutar del espectáculo. Y cuando decimos cómodamente, nos referimos a sacar mantas para tirarse al suelo en plan familiar, que solo faltaba que se empezasen a abrir tarteras de tortillas y filetes empanados.

En la exhibición aérea, que comienza a la 1 y dura aproximadamente una hora, los aviones salen de uno en uno y sobrevuelan a los espectadores dando varias pasadas y haciendo varias maniobras que permiten poderlos disfrutar tanto visual como acústicamente, porque algunos modelos conseguían romper la barrera del sonido al sobrevolarnos y la sensación es apasionante para los niños y los no tan niños. De vez en cuando, también hacen alguna pasada en pequeñas formaciones. Ver volar juntos a la Mosca y al North American T-6 Texan fue realmente espectacular.

La mosca y el North American T-6 en formación. Para quedarse boquiabiertos.

Tuvimos la suerte de que hacía un día con bastante nubosidad pero también con claros y mucha luminosidad. Para aficionados a la fotografía como estos parrachomanatas, la situacion ideal. Aquí os ponemos alguna otra foto que hemos podido tirar.

El British Aircraft Eagle 2 (G-AFAX). Una de las últimas adquisiciones de la FIO. Un lujo poder verlo volar hoy por hoy.

Un Bucker 133 Jungmeister escoltado por dos Bucker 131 Jungmann. Los pilotos demostrando que los aviones no son lo único impresionante

La Mosca con sus 1000 CV de potencia y su ruido supersónico. Para paparracho, la estrella de la exposición.

El espectáculo terminó con una exhibición de vuelo acrobático con un avión moderno de competición pilotado por un Anselmo Gámez, miembro del equipo nacional de vuelo acrobático. Eso no hay fotografía que le haga justicia, pero tirando de youtube, no os costará encontrar vídeos de este fenómeno.

Y nada más. Únicamente comentar que existe la posibilidad de hacerse socio de la Fundación por unos 60 euros al año, que permiten acceder libremente a las exhibiciones, participar en un sorteo para ir de pasajero en uno de los aviones y algunas otras cosas.

En resumen: un plan no solo recomendable sino imprescindible para familias que vivan en Madrid o que puedan acercarse aquí un domingo. No defraudará, la prueba es que el guaje no apea ahora su miniatura de avión japonés, y eso que aún era muy pequeño para disfrutarlo a fondo!

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